martes, 30 de noviembre de 2010

Descansa como puedas

Algo se muere en el alma cuando un amigo se va, reza la célebre “Sevillana del adiós”. Y es que se nos ha ido un amigote de esos capaces de sacarnos una sonrisa en nuestros peores días. Hablo por supuesto del actor canadiense Leslie Nielsen (1926 – 2010), posiblemente el policía más torpe de la historia del cine. Un señor consagrado al humor y a la comedia que, por cierto  y esto no es ningún chiste, era hijo de un policía. Por ello podríamos afirmar que, en cierto sentido, siguió los pasos de su padre. 

El éxito le sobrevino ya talludito, cuando el legendario trío de productores y directores David y Jerry Zucker y Jim Abrahams le contrataron para protagonizar "Aterriza como puedas (Airplane! – 1980)". De ahí hasta el final de sus días se dedicó a interpretar un papel muy similar -¡idéntico!- en comedias de discutible calidad. Vale tíos, ya sé que Nielsen no era un gran actor. Y que sus películas eran bastante furris. Además en algunas apenas si conseguía que esbozáramos una leve sonrisita... ¿Y qué? ¡Era un crack! Un tipo que dedica su vida a intentar que la peña pase un buen rato, lo cual no es poca cosa y más con la que está cayendo, es necesariamente un crack. Y es que además se puede dar por satisfecho. Millones de personas pasaron/pasan/pasarán un rato agradable viendo sus pelis. Olvidándose de sus preocupaciones diarias, de sus tragedias personales, de lo mal que los trata la vida, del 5-0 de los huevos... ¿Os parece poca cosa?. Seguro que hizo reír hasta a algunos de los críticos cinematográficos más sesudos. Aquellos que, no por falta de motivos, nunca incluían sus películas entre las comentadas en los suplementos culturales.

Leslie Nielsen murió el pasado domingo. Tenía 84 años de edad. Descanse en paz.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Fuck all the people, so fuck love...


Siguiendo con la cuestión de la merma, gracias a la cual llevo unas cuantas entradas en este blog, me viene a la mente algo que me pasó hace unos meses en San Francisco y que creo no relaté. Iba a bordo de un autobús urbano -“el ghetto bus”- de vuelta a casita, tras pasar la mañana paseando por North Beach. Fue justo a la salida del Tender Loin cuando se subió una nihilista con poco apego por su vida y muy mala leche. La buena mujer, de edad y raza indeterminada, comenzó a levantar la voz y a faltarse con los negros –fuckin’ niggers, they’re like monkeys!-. Lo cierto es que la tipa se jugó la vida porque en ese autobús sobre el 80 por ciento de los pasajeros eran de raza negra, incluyendo al propio conductor. ¡Y no negros cualesquiera! Si exceptuamos al conductor, todos eran residentes en The Projects, el gueto negro sito en la parte alta de la ciudad. Pero a la tipa eso no le importó lo más mínimo y continúo con su cháchara racista. Aunque la cosa no se quedó en los negros, tras acabar con estos pasó a faltarse  con los hispanos, después con los turistas (probablemente se daría cuenta que yo llevaba una cámara de fotos), con los inmigrantes en general, para después acometer contra los american citizens y finalmente, para sorpresa de todos y despelote de unos pocos, cerró un brutal “fuckin’ speakin’ english”. La verdad es que me dieron ganas de aplaudir, cosa que no hice para evitarme problemas. Lo que no pude evitar es que se me escapara una sonrisa, ya que ese ejercicio de nihilismo me recordó muy mucho a una canción del dúo electrónico Crossover. Una italiana y un holandés residentes en "la Gran Manzana" que se las gastan tal que así:        


Por cierto que la cancioncita se llama "Black Mess" y ojito con la letra... ¡¡¡y con el vídeo!!! ¿Entendéis ahora porque me hizo tanta gracia el affaire

"You're not mystical
You're just crazy
It ain't cool to be crazy
So fuck you!"

Ni siquiera descarto que todo fuera una performance y cualquier día me vea en Youtube en un vídeo casero homenaje a esta gran canción. 

"So fuck you!"

viernes, 26 de noviembre de 2010

Made the harbor


Hace tiempo que quería escribir sobre este disco, una de las mejores adquisiciones –sino la mejor- que hice durante mi reciente (+ o -) periplo californiano. Se trata del álbum “Made the harbor” y viene firmado por la banda femenina Mountain man, un trío de Vermont que se presenta ante nosotros con éste, su primer y maravilloso disco, y que no tiene nada que ver con la otra banda de hardcoretas de idéntico nombre. ¡Gracias a Dios!
El disco se editó a mediados de este año que agoniza, y viene a ser una suerte de country-folk feérico cantado a capella por tres chicas llamadas Molly Erin Sarle, Alexandra Sauser-Monnig y Amelia Randall Meta. Una obra desnuda que se presenta sin casi adornos ni instrumentación y en la que destacan sobremanera los preciosos juegos de voces, de los que participan todas ellas.
 
El disco se abre con la deliciosa “Buffalo”, con la que le dan a uno ganas de ir a esa mierda de ciudad conocida por ser el lugar de nacimiento de Vincent Gallo (apunte para LAPOR…  je je je) y poco más. Después viene “Animal Tracks”, el hit single (si es que se puede extraer un sencillo de un álbum tan compacto como éste). Se trata de la canción por la que conocí a estas sirenas, gracias a una recomendación vía Facebook de un conocido residente en la otra parte del mundo. Sin embargo mi favorita del disco es “My heron”, eso sí, en dura pugna con “Loon song”, delicioso corte que tiene la capacidad de ponerme melancólico cada vez que lo escucho… y que me recuerda en algo a Sigur Rós. Con “Mouthwings”, “Soft skin” y “Honeybee” me pasa que creo estar inmerso en alguna ceremonia de la Iglesia Celta. Justo en el preludio de una misa oficiada por el Padre Edwards (David Eugene para más señas). “How’m I doin” también evoca ritos religiosos, pero con una cadencia más propia del gospel (Podría formar parte de la banda sonora de “O’Brother”). Luego van “Dog song”,  o el día que Bonnie “Prince” Billy se puso a cantar con voz de ninfa, “Arabella”, “Sewee sewee” (otra de mis favoritas), “Babylon” (Que no sé porqué, pero asocio a los niños protagonistas de “La cinta blanca” de Haneke) y por fin llegamos hasta “River song”, con la que se cierra el álbum. Tiene esta última la virtud de entroncar perfectamente con el primer corte del álbum. Con ello se cierra un círculo perfecto en lo musical, al cual podría darle vueltas y más vueltas sin llegar nunca a aburrirme.    


En definitiva, “Made the harbor” es una colección de trece cortes que resultan perfectos para estimular el alma y refugiarse en lo más profundo de la mismidad… o para apaciguar los instintos secretos de aniquilación total que embargan a todo ser humano después de un mal día (je je je). Algo que, por cierto, también consigo escuchando los discos de Sun Kil Moon
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PD. Si os lo queréis descargar lo buscáis por la web, está disponible al menos en Mediafire y Megaupload.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Iván Rojo #1

Hoy es el día. O tal vez fue ayer, si incluimos los preparativos llevados a cabo en un piso de Benimaclet City. El caso es que por fin ve la luz el esperado primer número del fanzine de mi buen amigo Ivanrojo, que podrás adquirir for free en los mejores bares -¡y en los peores!- de esta ciudad. El libelo viene ilustrado por Esteban Hernández, ganador del premio Novela Grafica Fnac-SinsEntido 2010 e incluye un magnífico relato titulado "Libertad con cargos" que os adjunto al final. Un perfecto ejemplo de la prosa directa, descarnada y, en ocasiones oscura que caracteriza a este joven autor al que muy pronto veremos en las estanterías de las principales librerias del país. Así que, si no quieres que te lo cuenten, agénciate un ejemplar ya. Y si te quedas con ganas de más, cosa probable, y no eres capaz de aguantar hasta que vea la luz el segundo número, siempre puedes pasarte por aquí. En fin, quedáis avisados. 
¡Aupa Ivano!  
Libertad con cargos

Llamaban por teléfono casi todos los días. Muchas veces era por el motivo de siempre. Deudas, impagados, asuntos pendientes. Otros llamaban para decirme que lo sentían.

Llamaban todos los días y llegaban cartas de hacienda, requerimientos notariales, citaciones del juzgado. También las letras afligidas de algún pariente lejano.

Tuve que irme.

He abierto un cajón esta mañana. Para coger un par de calcetines limpios. Nada especial, el cajón de siempre desde hace un par de meses. Pero supongo que he revuelto un poco más de lo normal porque he tocado un papel. Y no recuerdo haber guardado ahí nada por el estilo. No sé qué es, pero me lo temo. Lo cojo. Una foto. Y al instante mil recuerdos. Como cuando te llega en cualquier parte un olor parecido al de las cocinas del comedor del colegio, por ejemplo. Un segundo después eres un niño y estás con tus amigos haciendo cualquier cosa fácil en pleno recreo. Te ves exactamente cómo eras. Tus amigos, el asfalto del patio, las ralladuras hechas por mil tenedores diferentes en las bandejas de acero en las que comías. Todo exactamente igual que era pero impregnado en la tristeza que desprende lo que ya está muerto. Algo así ha sido.

Llevo casi dos meses viviendo aquí, en la otra punta del país. La mayor parte del tiempo no se está mal. El anuncio decía que el empleo incluía alojamiento. Y tras la cocina del bar hay una puerta que conduce a un pequeño sótano-almacén sin ventanas pero con una cama y montañas de cajas de cerveza. Medio llenas, medio vacías. Tampoco hay ratas y el sitio no es especialmente húmedo, así que supongo que se le puede llamar alojamiento. Que mi patrona cumplió su palabra. El primer día la mujer me aconsejó, incluso, que no me gastara el dinero en una tele porque la señal llega muy borrosa aquí abajo. Sí, no puedo quejarme de mi patrona-casera. En realidad creo que aunque la jefa fuera una auténtica hija de puta no podría quejarme de ella.

Porque es probable que la única razón de este aquí y ahora sea mi padre.

Era una época extraña. Me apetecía menos de lo normal estar en casa. Cualquier propuesta era buena. Hasta cualquier excusa. Si no las había, salía y echaba a andar sin más. Procurando mantener la mente apartada de la mierda de mi padre. Sus problemas con la ley, sus problemas con nosotros. Era la época en que era capaz de recorrer de un extremo a otro aquella maldita ciudad solamente por cruzarme con gente corriente y pensar que a lo mejor ellos estaban igual de jodidos que yo. Era la época en que tendría que haber estallado, pero no tuve tiempo.

Sí, todo esto tiene bastante que ver con mi padre.

El hermano de mi padre usaba siempre camisas de manga larga. En cualquier época del año. No le gustaba que le tocaran sus brazos escuálidos. Del codo a la muñeca era zona vedada. Decía que le daba vergüenza. Asco. Miedo. En fin, le hacía sentir mal. Es una de las tres imágenes que conservo de mi tío. Yo era un niño, seis o siete años, pero recuerdo bien lo del odio que sentía hacia sus antebrazos porque una vez me cruzó la cara de repente mientras jugaba conmigo. Luego miró a mi madre y dijo que le había tocado ahí, como si aquello lo justificara todo. Entonces no entendí nada, claro. Otro recuerdo es pasear una mañana nublada con él y mi padre por el fondo de una piscina llena de hojas caídas y recubierta de azulejos color verde desvaído. Casi todos agrietados. Era pleno invierno a juzgar por las ropas que vestíamos. Mi padre y yo con anorak y guantes y demás y mi tío envuelto en un batín de franela a cuadros marrones y beiges. Y con zapatillas de estar por casa. Habían sido uña y carne cuando eran un poco más jóvenes. Pero el paso de la vida los había colocado en mundos aparentemente muy distantes. Lo único que mi padre podía hacer ya por su hermano era hacerle compañía de vez en cuando. Debía ser duro, supongo. Duro para los dos. Años después comprendí que mi tío estaba ingresado allí porque era heroinómano. Años después supe que estaba ingresado allí porque ya lo había intentado una vez. El tercer dato relacionado con mi tío que retengo en mi mente es una nochevieja del ochenta y tantos en casa de mis abuelos. Mi tío vivía allí desde que su mujer se había largado. Es curioso, también aquella noche mi tío iba en pijama. De tela y azul claro, estilo campo de concentración. Dijo que se iba a dormir mucho antes de que llegara la hora de las uvas y los buenos deseos. Creo recordar que los demás nos quedamos allí y los mayores brindaron y los pequeños lanzamos serpentinas y confeti. Horas más tarde, cuando el año nuevo empezaba a amanecer, el teléfono sonó en casa. Mi padre corrió hasta el aparato como si llegara tarde a algún sitio. Y mi abuela le chilló desde el otro extremo de la línea que Antonio estaba muerto. Lo encontraron encerrado en la cocina. En pijama. Sentado en una mecedora y con el gas abierto.

Me imagino que después se lo llevaron al anatómico forense y le hicieron la autopsia, pero eso ya es algo que no guarda relación con el hecho de que a partir de entonces mi padre se emborrachara todas las nocheviejas, nos diera de ostias y luego se pusiera a llorar y nos pidiera perdón mil veces. De hecho, puede que nada lo explique. Luego las nocheviejas se trasladaron a cualquier día del año, y aquello empezó a ser bastante asqueroso. No querer a tu padre te hace sentir como mínimo extraño. Desear que se muera de una puta vez te hace sentir cuanto menos un hijo de puta.

Y ocurrió precisamente en nochevieja. La pasada. Lo único que sabíamos de mi padre es que había salido del trabajo a las seis de la tarde. Hacía ya unos cuantos años que las borracheras de despedida de año y hermano yonqui de mi padre habían quedado reducidas a eso, borracheras de viejo. Alcohol sin sangre, nada más. Pero esa noche me quedo en casa por si acaso. Después de un brindis triste y cansado, mi madre se va a dormir. Y yo me quedo tirado en el sofá viendo el interminable programa de varietés. Bienvenido 2008. Comiendo polvorones y poniéndome ciego a base de champán. Y a las cinco oigo ruidos en el rellano. Un golpe seco y luego como si alguien empujara la puerta. Visualizo a mi padre medio desmayado sobre el felpudo, igual que otras tantas veces. Hasta las cejas de alcohol, baboso y balbuceando, probablemente rebozado en su propio vómito. Incapaz siquiera de llamar al timbre. Así que decido joderle un poco y hacerle dormir la mona en la escalera. Me olvido del asunto, me duermo. O me duermo y me olvido, qué más da. El caso es que al cabo de un rato nos despierta el dingdong de la puerta sonando insistentemente. Y golpetazos urgentes en la madera. Lo primero que veo al abrir la puerta es al vecino del piso de arriba. Dice no sé qué y miro hacia abajo. A mis pies está mi padre. Muy pálido en medio de un pequeño charco de sangre. Según el informe del forense, la mayor parte de sus cinco litros los había perdido en la calle y en los peldaños de la escalera.

La policía dice que aquella noche pasó por un montón de bares y acabó en el puticlub que hay en la esquina de la calle de mis padres. De mi madre. Invitó a una copa a una puta. Luego subió al piso de arriba y pagó cincuenta euros por media hora de sexo. Pero ella le vio más pasta en la cartera y lo consideró una presa fácil. Un tipejo habitual del club fue el autor material. Salió a la calle detrás de mi padre y le pegó dos navajazos para robarle doscientos euros de mierda. El resto de la paga extra de navidad ya se lo había fundido en su ruta de bares y remordimientos.

Y, en fin, así murió mi padre. Veintipico años después pero igual que su hermano. Solo al otro lado de una puerta.

A día de hoy intento borrarlo de mi memoria. Lo malo es que soy tan gilipollas que me traje una foto suya conmigo.

A día de hoy su asesino está en prisión preventiva.

Y a día de hoy la última puta que se la chupó a mi padre también se halla a la espera de juicio, pero en libertad con cargos. Igual que yo, más o menos. Con la diferencia de que a ella la juzgará un tercero.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Abrazos... digo hostias gratis

Hoy me ha pasado una cosa muy rara. Cuando me desplazaba entre mi centro de trabajo y una delegación de la Tesorería de la Seguridad Social, más o menos a la altura del Pont de les Flors, un enajenado me ha abordado por detrás y sin mediar palabra me ha soltado un puñetazo (que por suerte ha impactado en el esternón y no un poquito más arriba). No contento con eso me ha cogido violentamente por el cuello y, ante mi sorpresa, me ha preguntado la hora. Como comprenderéis el shock ha sido potente. ¿Me pegas una ostia para pedirme la hora? ¡Ahora comprendo eso de que el tiempo es oro, macho! El tema es que me he quedado tan flasheado que no he podido reaccionar siquiera. No lo vi venir, tan contento que iba yo en mi bicicleta melena al viento, silbando para mis adentros alguna cancioncilla de los Band of Horses. Si lo hubiese visto al menos hubiera podido defenderme, esquivarlo o, lo que hubiese sido más normal dada mi naturaleza cobarde, poner pies en Polvorosa. El caso es que al final el tipo me ha soltado y ha empezado a chillarme en toda la jeta: “¡Continúa! ¡continúa!”. ¿Y quien soy yo para desatender tan imperiosa orden? Así que he cogido los bártulos (entre ellos la Valenbisi que llevaba) y me he pirado de allí raudo y veloz, sin tener muy claro si al final le he dicho la hora o no. ¿Volverme y enfrentarme a él? Ni se me pasó por la cabeza. Ya sabréis eso de que "el cementerio está lleno de valientes", muchos de ellos por enfrentarse a sonaos como este. Tal vez se tratase de un esquizo o alguién que padece de alguna otra enfermedad mental. O simplemente fuera otro mermado víctima de un “mal viaje” producido por alguna droga de diseño. Por como iba vestido y por su manera de farfullar, me quedo con esta última expliación. 

Y es que hay que tener cuidado con las dronjas, que son mu malas. Que a veces le hacen a uno perder la noción de la realidad y agredir a un pobre ciclista, sin mayores consecuencias para victima y agresor, o en el peor de los casos te da por cortarte la pirola y descuartizar a un cordero, acabando postrado en la cama de un hospital en estado de coma. Esto último no va de broma. Le pasó a Ángel Atanasov, un joven búlgaro que por culpa del insoportable tedio que asola a todo adolescente, decidió ponerle sal a su triste vida colocándose de anfetas. Pero al subnormal se le fue la mano y se volvió majareta en cuestión de segundos. Fruto de ello se cortó un cacho de polla, le arrancó una oreja a su padre, robó un coche, se saltó un semáforo en rojo y atropelló a un motociclista, huyó de la policía, le pegó fuego a un pajar, hurtó un hacha, descuartizó a un cordero, se subió a un poste de la luz y se electrocutó. Que vos ha paregut? No se pueden hacer más cosas en menos tiempo. Aunque no puedo dejar de expresar mi repulsa por una de las cosas que hizo el tal Ángel. Si el semáforo hubiera estado en ámbar aún, ¡pero mira que saltárselo en rojo! Menudo tipejo.

En fin, fuera de coñas y retomando el tema del principio, este "incidente" sin mayor trascendencia me sirve para reforzar las conclusiones a las que llegué en el post del miércoles pasado. Me refiero a aquellas que introduje en la crónica del concierto de Interpol y que hacían referencia al avance de la merma sobre la Península Ibérica. ¡Y es que se extiende muy rápido! Como el chapapote sobre las costas del Cantábrico. Peligrosamente… 

Respecto al affaire Atanasov, tan sólo añadir una cosa. Cuando pidáis un colacao en cualquier bar ¡cuidadín! ¡Que sea siempre un sitio de confianza! Que hay gente malísima que te mete drogas y luego pasa lo que pasa, te cortas la pinga y demás... bueno ya sabéis, lo acabo de contar. ¡Que se lo digan a esta niña!

martes, 23 de noviembre de 2010

J. Roth /vs/ Micah P.

El pasado fin de semana, aprovechando los múltiples viajes en tren a los que me vi obligado, me leí -o más bien me “fumé”- dos nouvelettes de esas que me gustan a mí, en torno a las cien páginas cada una. Os hablo de “La leyenda del Santo bebedor” de Joseph Roth y de “No voy a salir de aquí” de Micah P. Hinson, en el fondo un par de relatos alargados con un temática de fondo común: el alcohol y la diferente percepción que de las cosas se obtiene tras la ingesta masiva del mágico caldo, tan del gusto de Baco y toa su colla de borrachines. Si bien se aprecian claras diferencias en cuanto a calidad literaria, como no podía ser de otra forma tratándose de la última obra de un escritor más que consagrado como es Joseph Roth, frente a la ópera prima de un cantautor metido a novelista como es el caso de Hinson.   

Dicen los que saben de esto que “La leyenda del Santo bebedor” no es lo mejor que escribió Roth a lo largo de su vida, incluyendo su labor como periodista y escritor. Yo no puedo dar fe de ello, ya que esta es mi primera aproximación a la obra del novelista austriaco. Aunque sí puedo decir que me ha gustado bastante. Al menos lo suficiente para interesarme por el resto de su obra, incluyendo algunos libros formato ladrillo a los que tenía cierto respeto. El relato en sí nos cuenta la odisea de Andreas Kartak, un vagabundo polaco que pasa buena parte de su tiempo bajo los puentes del Sena, que tras un encuentro fortuito con un desconocido va a encontrar una finalidad a la que consagrar sus últimos días de vida. Movido por un estricto sentido del honor, Karnak intentará por todos los medios hacer frente a la deuda contraída con ese desconocido, pero una serie de casualidades y su afición por el alcohol barato, terminarán por impedir que cumpla con su cometido. No sé cuanto tiene de autobiográfico esta historia, pero parece ser que Roth tenía mucho de bebedor y muy poco de Santo, al igual que el protagonista de esta fábula. En este sentido, cuenta Carlos Barral en el prólogo, que el texto supone una apología sobre la sacralidad del vino y de cómo éste transforma el mundo, cambia sus leyes e incluso la virtud de los santos, “para hacerlo habitable y agradable a los que creen en él”. No podría estar más de acuerdo.

El segundo de los libritos viene firmado por Micah P. Hinson, extraordinario cantautor de Abilene (Texas) al que ya he dedicado algún que otro post en este mismo espacio. Llama la atención de entrada, que la novela tan sólo haya sido editada, al menos por el momento, en España y en idioma castellano. Esto dice mucho del cariño que el tipo tiene por esta tierra y, también, de la legión de incondicionales que ha atesorado aquí en poquísimo tiempo. Según cuenta el propio Hinson, la escribió con tan sólo 23 años (ahora tiene 29) con una vieja máquina de escribir Royal que adquirió en un anticuario. Desde entonces hasta ahora, la máquina se convirtió en su mejor amiga, ayudándole a superar su adicción a las drogas, sobrevivir a un temprano paso por la cárcel, olvidar a una mujer fatal que marcó su juventud y superar las terribles secuelas que le ocasionó un brutal accidente. "En mis peores momentos con las drogas lo empeñé todo menos la máquina de escribir. Me quedé sin guitarra, pero jamás sin mi Royal, ella ha sido más fiel que ningún dios o mujer. Era mi mejor amiga y lo sigue siendo"

Dicho todo lo cual, me parece que la novela de Hinson no es nada del otro mundo. Una típica y tópica historia de chico y chica a la deriva, con muchos kilómetros de carretera por delante para llegar a ninguna parte. Una primera novela altamente psicotrópica, bastante triste y con alguna nota de humor negro, en la que los críticos han querido ver similitudes con Buffalo ’66, película realizada por el sobrevaloradísimo –como director- Vincent Gallo. Un parecido que, desde mi punto de vista, comienza y acaba con ese planteamiento inicial, por otro lado el mismo que podríamos encontrar en casi cualquier cuento de Raymond Carver,  Sherwood Anderson o Richard Ford. Eso sí, bastante peor hilvanado en el caso que nos ocupa. Sobretodo porqué en muchos momentos no se entiende un pijo de lo que Hinson escribe. Me da la sensación que aquello que valoramos como virtudes a la hora de escribir sus canciones -textos cortos con un onirismo más o menos entendible y con una fuerte carga de emotividad-, se transforma aquí en un gran handicap que nos impide entrar y en muchas ocasiones amenaza con sacarnos de la historia –profusión de farragosos párrafos para cuyo discernimiento precisaríamos de una información que nunca se nos llega a dar-. En fin, veremos que nos depara el futuro de Micah como escritor. Y como músico. Desde luego yo no pienso perderme su próxima actuación en Valencia, anunciada para mitad de diciembre.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Presentación de ¡Pintor!

A los que pille mañana en los Madriles, no os lo perdáis. 

...y proximamente en Fnac Barcelona. Permanezcan atentos a sus pantallas. 

El cómic está a la venta desde el pasado día 18.

Aupa Esteban.   

sábado, 20 de noviembre de 2010

¡Petorro WiFi!

Con este peculiar grito, la entregada jovenalla despidió a una de sus bandas favoritas, los catalanes Els Amics de les Arts. O al menos eso quise oír yo, porque ese brillante colofón le venía que ni pintado a tan pintoresca velada. Teniendo en cuenta que todo comenzó en un bareto regentado por chinos, en el cual se daban cita los peores especimenes de la noche valenciana… ¡Un cuadro digno del mejor Bukowski! Cuestión esta que, por su innegable interés, merece un post para él solo. Me lo reservo para otra ocasión.

El caso es que un par de amigos, fans confesos del cuarteto barcelonés y especialmente de su último elepé “Bed & Breakfast”, me convencieron para acudir a verlos la noche del pasado jueves. Y yo me dejé convencer, sobretodo porque no tenía nada mejor que hacer y el precio no me pareció excesivo (tras los 41 napos desembolsados por Interpol, todo me parece bien). El evento en sí estaba organizado por la gente de Clip Inquiet dentro de los actos del VI Festival de Cinema en Valencià Inquiet, en el cual colabora la Universitat Politècnica de València, junto con otras instituciones, entre ella la gente del Terra (Centre Social, Associació Cultural, Menjador Popular y lo que se tercie). Posiblemente por eso para abrir la noche actuaron Aspencat, enésima banda de ska-drum’n’bass-reggae-charanga surgida de la terreta –concretamente de la Marina Alta-. Obviamente exhibieron todo el repertorio de soflamas habitual en este tipo de grupos reivindicativos, aunque, para ser sincero, no me quedó muy claro que carajo pedían/buscaban/reivindicaban/defendían. Cháchara, clichés variados y lugares comunes. Eso sí, la lucha siempre continúa… ¡¡¡y que no decaiga!!!

Después de que los skatalikos nos echaran en cara que somos una panda de ciudadanos pasivos (el “tranquilo majete en tu sillón” versión alacantina), salieron a escena Els Amics de les Arts, para goce y disfrute del respetable. Especialmente de las veinteañeras que, por alguna razón que a mí se me escapa, encuentran atractivos a los miembros de esa banda. Se supone que la música Els Amics de les Arts es una especie de folk-pop con melodías sencillas, toques electrónicos de sintetizador, juegos de palabras y grandes dosis de humor en las letras. Con ello se han situado a la cabeza de las nuevas bandas surgidas durante los últimos años de Cataluña, bajo el paraguas de la etiqueta “nou rock catalá”. Es más, hay quienes se han atrevido a afirmar que estos son los mejores, por delante de los mismísimos Manel… els collons del Montgó!!! (o “y una polla como una olla”, para que me entendáis todos). En fin, debe ser cierto eso de que sobre gustos no hay nada escrito… o sí que lo hay, pero poca gente se lo ha leído. Por eso no me sorprendió nada lo que Els Amics de les Arts ofrecieron. Igual de flojos que en disco. Una panda de amigotes que se divierten haciendo música tirando a regular, que en el mejor de los casos no pasa de ser una mala copia de los mencionados Manel y en el peor, los autores de la versión bizarra de “La chata merenguera” pero en català (o La Trinca revisited, si lo preferís).  

En fin, ya sé que se hicieron con el Premio al mejor disco catalán del año concedido por Radio:4 de RTVE,  con el “Bed & Breakfast”. ¿Pero que queréis que os diga?, yo no le consigo pillar la gracia al asunto. ¡Y juro que lo he intentado! Pero es que encima, los gachones prescindieron de tocar la única canción de ellos que me gusta algo: Esa de "Liberty Valance".  

Hala, agur y… ¡larga vida al metal!

viernes, 19 de noviembre de 2010

Como ir de Repente a Cagar

Indicaciones de ruta en coche para Cagar:

REPENTE
Rheinsberg, Alemania

1. Dirígete hacia el noroeste en Repenter Str. hacia Repenter Weg



550 m

2. Gira ligeramente a la derecha en Luhmer Str.



1,7 km

3. Continúa por Heimländer Str..



240 m

4. Gira a la izquierda en Zechliner Str./K6814
Continúa hacia K6814



6,4 km

5. Continúa por Rheinsberger Str..



280 m

6. Gira a la izquierda en Friedensstraße/L15
Continúa hacia L15



3,0 km

7. Gira a la derecha en Ausbau/L16
Continúa hacia L16
Pasa una rotonda



23,9 km

8. Gira a la derecha en Gerhart-Hauptmann-Straße/B167
Continúa hacia B167
Pasa una rotonda



6,3 km

9. Gira a la izquierda por incorporarte a A24 en dirección Berlin



30,9 km

10. Toma la salida 26-Havelland para incorporarte a A10 en dirección Leipzig/Magdeburg/Potsdam



47,1 km

11. Toma la salida 21-Dreieck Werder para incorporarte a A10 en dirección Frankfurt (Oder)/Berlin-Zentrum/Leipzig



9,2 km

12. Toma la salida 19-Potsdam para incorporarte a A9/E51 en dirección München/Leipzig



118 km

13. Continúa por E49.



110 km

14. Continúa por A9/E51. (indicaciones para München/Nürnberg/Lobenstein)



27,3 km

15. Toma la salida 33-Dreieck Bayerisches Vogtland para incorporarte a A72 en dirección Plauen/Regensburg/A93/Hof-Nord



14,7 km

16. Toma la salida 4-Dreieck Hochfranken para incorporarte a A93 en dirección Regensburg/Prag/Praha/A6



178 km

17. Toma la salida por A3 en dirección Passau
Entrando en Austria



137 km

18. Continúa por A8.
Carretera parcialmente con peajes



76,1 km

19. Continúa por A9.
Carretera con peajes
Entrando en Eslovenia



230 km

20. Continúa por A1/E57/E59.
Carretera con peajes



25,6 km

21. Tome la salida en dirección E59.
Carretera parcialmente con peajes
Entrando en Croacia



35,1 km

22. Continúa por E59.



600 m

23. Gira a la derecha para continuar en E59



52 m

24. Gira a la izquierda para continuar por E59 (indicaciones para Zagreb/Krapina)



300 m

25. Gira a la izquierda para acceder al ramal en dirección Zagreb/Krapina



300 m

26. Incorpórate a A2/E59
Carretera parcialmente con peajes



58,8 km

27. Continúa por A3. (indicaciones para Slavonski Brod/Split-Rijeka/E70)



600 m

28. Tome la salida en dirección E70.



4,3 km

29. Toma la salida Lučko hacia Split/Rijeka



1,3 km

30. Incorpórate a A1
Carretera con peajes



138 km

31. Toma la salida 10-Otočac hacia Plitvička jezera/50
Carretera con peajes



350 m

32. Incorpórate a Čvor Otočac
Carretera parcialmente con peajes



3,5 km

33. Continúa por Carretera 5140.



11,6 km

34. Gira a la derecha para continuar en Carretera 5140



5,5 km

35. Gira a la izquierda en Carretera 5126



160 m

36. Gira a la izquierda para continuar por Carretera 5126



11,6 km

37. Gira a la izquierda hacia Carretera 5153



12,0 km

38. Gira ligeramente a la izquierda en Carretera 5153



280 m







CAGAR


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Y es que nunca se sabe cuando te va a venir el apretón. 

jueves, 18 de noviembre de 2010

Si bebes no conduzcas

Al parecer la fotografía es auténtica. No se trata de ningún burdo fotomontaje made in Sulo,  sino de una instantánea tomada para una campaña en favor de la prohibición del consumo de alcohol en los Estados Unidos. Estamos en el año 1919, el mismo en que el Congreso norteamericano aprobó la consideración como Parque Nacional al maravilloso Cañón del Colorado, o el mismo en el cual nació el magnífico escritor Jerome David Salinger, autor de “El guardián entre el centeno”. A nivel "local", ese mismo año los jerifaltes de la res publicae decidieron que la jornada laboral quedaría limitada a un máximo de ocho horas diarias. Ejem… transcurridos más de noventa años, aún existen empresaurios patrios que no han captado el mensaje.

A lo que iba. Que esta imagen me ha llegado a través de un correo y me ha hecho gracia. "Aquellos labios que prueben el alcohol, no probarán los  nuestros" dicen las titis... ¡Jooooder! ¡menudo problemón! Y es que vistos los jetos de las promotoras, ¿quién coño iba a dejar de beber?

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Lo prometido es deuda (Vampire Weekend + Interpol)

Hoy es el día, transcurridas ya bastantes horas desde que asistí a los conciertos de estas dos grandes bandas norteamericanas. Con la perspectiva que da el tiempo transcurrido desde el fin de sendas actuaciones y con una considerable mengua de la inflamación genital que me produjo el concierto de Interpol, paso a relataros como lo vi yo. Digo esto último para justificarme por no haber colgado esta entrada el mismo domingo por la noche, o el lunes por la mañana a mucho tardar. De haberlo hecho así, hubiese trascrito todo aquello que me pasaba por la cabeza en ese momento y esto distaría mucho de ser un post musical (además de que alguien, con más razón que un Santo, se hubiera enfadado mucho conmigo). Tan sólo apuntaré una cosa: este país esta lleno de infelices y de mermados. Así de claro. Manadas de pre-mentales campan a sus anchas en nuestras principales ciudades. Gentes cuya mayor aspiración en la vida es joder la marrana y que corroboran magníficamente las tesis de los filósofos Étienne Balibar y Slavoj Zizek. Aquellas que identifican como un rasgo propio de la vida contemporánea, la manifestación de una crueldad excesiva y no funcional. Una crueldad que abarca las explosiones de violencia insensata protagonizadas por los adolescentes y los marginados de nuestras megalópolis. El id-Evil -mal básico-fisiológico- como lo llama Zizek, y que supone una violencia sin motivación utilitarista o ideológica alguna. En fin, tampoco quiero llevaros a engaño, no hubo gresca o al menos no hubieron palos que es de lo que se trata. Eso sí, se produjo un momento de tensión de esos en los que uno se alegra de vivir en Europa y no en los EEUU. Lo digo por la facilidad que tienen los gringos para agenciarse una recortada en el Súper de la esquina.

Con todo,  y ahora si que termino con este tema, me jode mogollón no haber podido disfrutar de un concierto tan ansiado como ese por culpa de cuatro mermados y una mermada. Y no sólo por ellos. Me da la sensación de que Madrid esta repleto de gente así. ¡Ojo! Que nadie se me moleste. La ola de merma se extiende peligrosamente por todo el país y seguramente afecta por igual a barceloneses, sevillanos, bilbaínos o valencianos (bueno, en este último caso fijo que el porcentaje es mayor). Lo que pasa es que a más población, mayor es el número de afectados por la plaga... ¡Aunque lo más acojonante es la multitud de infectados que a la vez son fans de Interpol!    

Ok beibis, vamos a lo que importa. El viernes por la noche, casi recién aterrizado en la capital y tras una horita a bordo del metro, entramos en La Riviera para disfrutar con los Vampire Weekend. Por cierto que, antes de entrar en harina, voy a recomendar a los señores responsables de esta conocida sala madrileña, que hagan algo por mejorar la acústica del recinto. Y aparte de eso también podrían cortar las putas palmeras del centro, ¡por el amor de Dios que cosa más hortera! En fin… De los teloneros poco puedo deciros. Entre que llegamos tarde y que unos simpáticos vallisoletanos nos invitaron a beber pacharanes en un bareto de los alrededores, nos perdimos la actuación de Jenny and Johnny. Tampoco pasa nada, no teníamos demasiado interés, la verdad. Cuando accedimos al recinto aquello ya estaba a parir. Sobretodo de pipiolos con pintas de Erasmus y chavalitas del terreno rendidas a los píes de Ezra Koening, un guayongo de sonrisa inmaculada que se presentó ante el público con unos náuticos sin calcetines -¿alguien ha dicho clase?- Bueno, lo de presentarse ante el público no es más que una forma de hablar, ya que los Vampire Weekend salieron y sin mediar palabra comenzaron a interpretar "Holiday", "White sky" y después la resultona "Cape Cod Kwassa Kwassa". Suficiente para ganarse al público. De ahí hasta el final bailongueo en el marco de un concierto muy divertido que apenas si decayó en algún momento, con mención especial para la despedida y cierre, bises incluidos, en la que empalmaron "A-punk", "Horchata", "Oxford Coma" y "Walcott". Por si no lo habéis deducido ya, me gustaron mucho. Pero mucho, mucho…

Y del divertimento vampírico pasamos a la oscuridad de Interpol. ¡El lado oscuro de la fuerza! Por lo visto el preferido por cientos de mermados. No retomaré nuevamente el temita extra-musical con el que inicio el post, pero si os diré que mi estado de ánimo no era el mejor para disfrutar del concierto. Se celebraba en un Palacio Vistalegre repleto hasta los topes y eso que con el precio de la entradita los promotores se pasaron un buen rato. En esta ocasión llegamos a tiempo para ver a los teloneros, los norteamericanos britanizados Surfer Blood, aunque no me hubiera importado perdérmelos. No les conocía de nada, pero tras oír lo mal que sonaron y ver que sus camisetas promocionales reproducían la mítica portada del “Unknown pleasures”-¡so pretenciosos!-, no me quedan muchas ganas de hacerles seguimiento. Y en estas que salieron Interpol y en su versión más sólida y oscura. Si alguna vez tuvo sentido eso de declararles como los legítimos herederos de Joy Division, creo que podría ser esta. Incidentes al margen, el concierto contaba con los alicientes necesarios para ser recordado durante mucho tiempo. Con Paul Banks dando clases de español y explicando, para sorpresa de muchos, lo importante que para él es/fue Madrid, ciudad en la que residió entre los once y los dieciséis años -al ser el hijo de un diplomático británico destinado aquí- y en la que quedaron definidos sus gustos musicales (esto se lo he leído en más de una entrevista). El concierto en sí consistió en una acertadísima mezcla de sus últimos temas, muy mejorados respecto al disco, con hits del pasado, sobretodo extraídos del aclamadísimo “Antics”. Comenzaron muy sobrios con "Success", de su disco homónimo, para después continuar con "Say Hello To The Angels", de su fantástico debut “Turn on the bright lights”, y con "Narc" del mencionado “Antics”. Si bien la cosa no se puso calentita hasta que empalmaron "Summer Well" con la extraordinaria "Slow Hands", coreadísima por el público. Después volvieron a la oscuridad más absoluta en lo que para mí constituyó la mejor parte del concierto, tocando de forma consecutiva "Untitled", "Barricade" y “Lights” -los dos singles extraídos hasta el momento de su último álbum-, "PDA" y cerrando con "Not Even Jail". Tras hacer como se marchaban, paripé habitual en los conciertos de cualquier banda que se precie, reanudaron el show interpretando "The Lighthouse" y cerraron de forma apoteósica con "Evil" y "The Heinrich Maneuver". En fin, un maravilloso concierto que, por los motivos medio-expuestos, tan sólo pude disfrutar fifty fifty. Una auténtica lástima. Por cierto, que no lo he dicho, la puesta en escena con ese acertado juego de luces fue acojonante. De lo más chulo que he visto nunca sobre un escenario. Una auténtica pasada, sí señor.  

Una última cuestión para que alguien me responda. ¿Como coño seleccionan las empresas de seguridad privada a sus trabajadores? No sé, es que tengo la sensación de que les pasan un psicotécnico y si lo aprueban no los contratan ni de coña. Tan sólo si lo catean, pero bien cateado, consiguen el trabajo. Al parecer si son demasiado listos no valen para estar en la puerta del Palacio Vistalegre haciendo funciones de autoridad cerril. Por otra parte si lo aprueban los pelos a los aspirantes se les presenta un dilema: ¿somos demasiado listos para currar de seguratas pero demasiado tontos para otros trabajos?... ¡pues vamos a Ryanair!    

martes, 16 de noviembre de 2010

"Estoy harto de majaras"


Eso repite una y otra vez el personaje protagonista de varias de las catorce historias cortas incluidas en “Yo también lloré con Terminador 2 (relatos de cerveza-ficción)”, de Carlos Salem. Bueno, he de matizar una cosa a lo dicho –pronto empezamos-. El libro no se compone tan sólo de catorce relatos, en realidad hay uno más que hace las veces de introducción. Además este primero es, a mi parecer, el mejor de todos ellos. Se titula “Apuntes para una teoría de la cerveza-ficción” y viene a ser una declaración de principios en la que el escritor hispano-argentino nos da las claves para entender que es eso de la “cerveza-ficción”, subgénero literario claramente influenciado por la épica tabernaria de Charles Bukowski (“Esta ronda la pagas tú. La próxima, que la apunten en mi cuenta”). Así que rectifico, son quince los cuentos incluidos. Y es una verdadera lástima que los catorce restantes, a excepción tal vez de “Toditos los feos”, no rallen a la altura de este primero.

Se supone que las historias funcionan con absoluta autonomía y son auto-conclusivas, si bien el grueso de las mismas pivota sobre un lugar común, “el Bar de Lola”. Un espacio bastante sórdido en el cual moran una serie de personajes cuando menos peculiares. Hablo de Poe, el narrador y protagonista principal de estas historias, Lola la propietaria del antro -un personaje secundario del que se nos cuentan tan pocas cosas que podría pasar por ser una estatua de mármol o un jarrón chino-, el trío de tronaos compuesto por Harly, Rai y Toni, y un par de policías bastante miserables que responden al sobrenombre de Perro y Gato. Este conjunto de relatos, que como he dicho suponen el grueso de la obra, son de temática quasi-negra, con un trasfondo marcadamente policíaco. El problema radica en que el personaje de Poe, que hace las veces de investigador – descubridor de misterios, no es muy verosímil que digamos y a las tramas en las que se ve envuelto, además de esta última cualidad, les falta una pizca de intensidad.  

Sin embargo los cuentos en los que Salem se sale -¡toma juego de palabras!- de ese escenario, son bastante mejores. Por ejemplo “El petiso argentino”, en donde el autor nos da cuenta del horror nazi en clave argentina, o muy especialmente el mencionado “Toditos los feos”, en el cual un camarero hastiado con su vida y resentido con la humanidad decide emprender un macabro juego.

En fin, no se si recomendároslo o no. Se lee fácil, eso es cierto, pero uno acaba con la sensación de que a casi todas las historias les falta algo. Sin embargo os tengo que decir que mi amigo escritor Ivanrojo -una de las personas a las que más admiro en este mundo- quedó muy satisfecho tras la lectura de “Yo también puedo escribir una jodida novela de amor”, obra anterior de este mismo autor. No sé, haced lo que queráis.   

domingo, 14 de noviembre de 2010

Aznar, líder del PP, de las FAES y de los Cobra Kai

Ya estoy de vuelta de mí fin de semana conciertero en los madriles. Tres días que dediqué básicamente a ver que ofrecían en directo dos de mis bandas favoritas, Interpol y Vampire Weekend, a sabiendas de que difícilmente las podré ver alguna vez en mi ciudad. Con todo y a expensas de un post más largo que dejo para mañana, en el cual ofreceré un crónica al uso y daré exhaustivas explicaciones de porque digo lo que voy a decir a continuación, vengo parcialmente satisfecho o parcialmente decepcionado, según lo queráis ver. Bien...

 

...bueno, antes de dejarlo me voy a hacer eco de una noticia flipante de la que he tenido conocimiento aún en Madrid, mientras esperaba a que despegara mi Ryanair (por enésima vez diré que esta es la última vez que subo a bordo de un avión de esta deficiente compañía irlandesa). Viene en la edición digital del ADN de hoy domingo. Supongo que mañana vendrá recogida en la edición papel de este periódico gratuito así que, os recomiendo que os agenciéis una copia en vuestra parada de metro favorita. El titular reza tal que así: “Agentes inmobiliarios vitorean a Aznar que dice que son especie a proteger”


Y es que, según recoge la noticia, aprovechando que en Madrid se estaba celebrando la “Convención Kárate Inmobiliario 2010” (wtf???), el vigoréxico ex-presidente se plantó allí para darse un baño de multitudes tras entrar al grito de “sois una especie a proteger”. En lugar de aplausos los presentes debieron obsequiar al mermado (con abdominales) con una kata masiva... con eso y/o con loas a favor de la burbuja inmobiliaria. En fin, no es de extrañar teniendo en cuenta la connivencia entre Ánsar-Loupes y los poderes fácticos de la cosa inmobiliaria, responsables al cincuenta por ciento del engrosamiento y del reventón de la mencionada burbuja y de joder a las clases medias y bajas de este país. Y además, ¿quien mejor que él para hablar de eso? ¿el tío que durante su mandato llenó este país de obreros de la construcción para luego mandarlos a todos al paro? Aunque lo más flipante de todo es que -agarraos que viene cuva- ¡los asistentes al acto iban ataviados cual Daniel-san con kimonos de kárate!

Que decir. Vaya un tipo curioso este Ánsar, ahora erigido en el sensei de los Cobra Kai inmobiliarios. Curiosooooooo... ¡y un rato mala sombra!

Ale, agur… ¡y que viva el vino! 

...o como dice alguien en uno de los comentarios, tan sólo faltaba en la fiesta un enano y una mujer vestida de rojo para que aquello se convirtiese en una peli de David Lynch.
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