miércoles, 30 de marzo de 2011

10 milles per... disfrutar, plorant i rient


La semana pasada, casi todos los medios de comunicación del país se hicieron eco de que el último lanzamiento del cuarteto barcelonés Manel, había alcanzado el número uno de la lista oficial de ventas en España. Con anterioridad habían logrado idéntica posición de prestigio en la lista de descargas del iTunes. ¿Y a que viene tanto revuelo? Pues sencillamente porque los Manel son un grupo musical que se expresa y canta en su lengua materna, el catalán. De ahí que a algunos les resulte extraño su logro. Y es que, pese a que estemos acostumbrados a que bandas que cantan en lenguas extranjeras, fundamentalmente en inglés y en menor medida en francés o italiano, lleguen a ser números uno de ventas, no lo estamos tanto para el caso de bandas que emplean otras lenguas co-oficiales del Estado como el catalán o el euskera. En mi humilde opinión no es éste un asunto baladí. Estando como estamos en una España copada de neofascistas adscritos al TDT Party y en donde la catalanofobia campa a sus anchas por obra y gracia de los señores de "La caverna mediática", que un disco cantado en la lengua de Ausiàs March haya cosechado tamaño éxito en todo el país, me parece algo muy positivo. Bien es cierto que, no es la primera ocasión en la que se da esta circunstancia. Ya hace unos añitos los cantautores Lluís Llach o Joan Manuel Serrat también lo consiguieron, pero estaréis conmigo en que eran otros tiempos. “Buenos tiempos para la lírica”.  

Con todo, el asunto político o político-lingüístico es lo de menos. Lo más importante es que el segundo álbum de Manel - titulado “10 milles per veure una bona armadura” en referencia a la obra “Mucho ruido y pocas nueces” de Shakespeare- es una auténtica joya. Una maravilla que, como ya os anticipé en una entrada de la pasada semana, me tiene completamente fascinado. Me parece incluso mejor que el anterior -"Els millors professors europeus"- que ya es difícil. Magníficamente producido, los Maymó, Gisbert, Padilla y Vallvé han destapado el tarro de las esencias, consiguiendo llegar a unos niveles de preciosismo sonoro difícilmente superables. Por no hablar de sus letras, ¡sublimes!  Y muy tristes... Hete aquí con el único pero. A estos tipos les ha debido pasar algo en el proceso de gestación de las canciones y ello ha quedado marcado a fuego en cortes como “La cançò del soldadet”,  “Deixa-la, Toni, deixa-la”, mi favorita del disco “Flor Groga”, o la más triste de todas “Criticarem Les Noves Modes de Pentinats”. Y a mí, con la que me ha caído encima me tiene enganchado y no sé si para bien. Disfrutar, lo que se disfrutar no sé si lo estoy consiguiendo… Y eso que según manifestaba Guillem Gisbert en una reciente entrevista, “en las letras uno siempre acaba estilizando la realidad”. Pues menos mal ("...que nos queda Portugal").

En conclusión, un disco enorme, tristísimo, pero bello... ¡muy bello! Altamente recomendable para cualquier melómano, incluyendo aquellos que no hablen habitualmente en catalán. Ahora me queda ver como lo defienden sobre el escenario. La verdad es que tengo muchísimas ganas. Será el próximo mes de junio en el Teatre El Musical de El Cabanyal y si yo y/o este espacio seguimos vivos, os lo contaré.

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“I que, quan seré vell, seguiré cantant-te cançons, igual.
No sé si estaré per garantir-te una gran qualitat
Però creuré en un verset i em distrauré intentant-lo allargar
I em podran veure somriure una mica per sota del nas,
I em podran veure somriure una mica per sota del nas”.

sábado, 26 de marzo de 2011

Iván Rojo #3 - Una cita perfecta


En estos días aciagos uno se olvida hasta de las cosas más importantes. Penitenciacite. Todo esto para decirles que ya está en circulación el Iván Rojo#3. Que lo disfruten ustedes.
Una cita perfecta
Aquél iba a ser el día o aquélla iba a ser la noche, qué importaba. Todavía no había amanecido pero a él le daba igual; ni siquiera había dormitado unos minutos, así que la posición de los astros tampoco era muy relevante. Porque aún faltaba mucho para que amaneciera, pero iba a verla, hablar con ella, tal vez olerla, quién sabía, mil cosas. Llevaba horas perfectamente vestido sentado en la penumbra de su dormitorio, junto a la ventana. Hacía ya un buen rato que los coches que cruzaban el horizonte, trazando a velocidad uniforme la gran curva de la nueva ronda de circunvalación, lo hacían de uno en uno y a intervalos imposibles de medir. Los veía aparecer por el este con sus luces blancas y luego se esfumaban en la oscuridad durante un segundo, para volver a materializarse transformados en resplandores rojos que miraba empequeñecer y empequeñecer hasta extinguirse para siempre. Eso era todo. Sin contar lo de dentro de su cabeza, claro. No había puesto música para acompañarle. No había hojeado un libro. Simplemente disfrutaba de la espera contemplando la porción de extrarradio nocturno que le ofrecía su ventana y escuchando cómo su propia voz le recitaba sus mejores deseos. En alguna ocasión le pareció que lo hacía en voz alta, pero no se preocupó de cerciorarse. Lo que sí comprobaba a menudo era la hora. No transcurrían diez minutos sin que se sacara el móvil del bolsillo e hiciera que la pantalla se iluminara en un color azul hielo que le gustaba. Con la misma frecuencia estiraba el cuello y miraba hacia la calle, receloso de que la mala suerte decidiera burlarse de él. Pero todo iba bien ahí abajo. Todavía faltaba un rato para que llegara el momento. La parada del autobús seguía solitaria. Envuelta en la iridiscencia pálida que emitían los neones que alumbraban la publicidad incrustada en la marquesina, parecía un escenario del futuro. En el póster, un tipo demasiado perfecto para pisar La Tierra del siglo XXI lucía unos calzoncillos carísimos, hiperelásticos, de diseño. Esa clase de mierda fashion-light-cool a treinta y seis euros la unidad era lo que les metían por los ojos a los ciudadanos condenados a usar el transporte público a diario. Y también a él, que llevaba toda la noche esperando con miedo su modesto momento de gloria. Toda la noche o toda la vida, sólo él lo sabía. Se sorprendió preguntándose si un equipo de publicistas habría cobrado montones de euros por colocar la polla de aquel modelo exactamente en esa posición. Y en seguida se levantó de la silla. Dio unas vueltas a la habitación mientras se planchaba la ropa con las palmas de las manos y sacudía la cabeza mirando al suelo. Intentando convencerse de que ese tipo de pensamientos extraños era lo que le hacía ser un tío extraño. Se detuvo, hurgó en sus pantalones y el móvil volvió a pintar la habitación de un aire azul desvaído. Ya sólo faltaba un cuarto de hora para las cinco y media. Comprobó por enésima vez que la parada permanecía tranquila y se dirigió al cuarto de baño. Y empleó esos últimos minutos en observar con detenimiento su reflejo, en perder el tiempo al trazar planes de última hora con la esperanza de mejorar su aspecto. Pero cualquier pequeña modificación que aplicaba a su pelo o cualquier recorte en su barba rala le parecía que empeoraban su imagen anterior. Acabó optando por meter la cabeza bajo el grifo y secarse/despeinarse con la toalla. Luego se envolvió en una nube de desodorante y no pudo evitar pensar que todo aquello era innecesario y ridículo. Pero no tanto como abortar la operación a estas alturas. Aunque sólo fuera por no haber pegado ojo en toda la noche, la situación exigía cierta culminación. Así que ahí estaba: sentado en la parada desde hacía unos minutos, medio encogido por el frío que condensaba su aliento en fugaces nubes blancas, cuando escuchó unos pasos que se aproximaban. Buscó una postura natural en el banco de metal o plástico, lo que fuera. Cruzó las piernas de modo indeciso y al instante las separó con un gesto aún más vacilante. Quería parecer tranquilo pero notaba sus músculos tensos como alambres. Mientras se removía sobre la superficie helada se lamentó de que ningún coche hubiera aparcado esa noche en el carril bus; le habría venido bien revisar su apariencia reflejada en una luneta. O tal vez no. Tal vez eso habría aumentado su inseguridad. Sí, probablemente, se dijo. En cualquier caso, dejó de preguntarse sobre esto y todo lo demás cuando se dio cuenta de que los pasos resonaban ya muy cerca. Un segundo después ella aparecía por detrás del cartel anunciador. Iba distraída, rebuscando cualquier cosa en su bolso, y se sorprendió de modo demasiado evidente de ver a alguien en la parada a esas horas. Y dudo, también de manera muy visible, si sentarse en el banco. De manera tan visible que hasta él se dio cuenta de la indecisión de la chica y se sintió todavía más incómodo, estúpido, extraño de lo habitual. Ella optó por permanecer de pie a unos cuantos metros de él, arrebujada en el interior de su abrigo. Vista de cerca le gustaba lo mismo que desde la ventana. En un arrebato de audacia pensó en levantarse y entablar una conversación intrascendente con ella. El frío, las deficiencias del transporte público, lo inmorales que son algunos horarios laborales. Cosas así, para parecer alguien normal. Pero se limitó a permanecer sentado y decir un Hola avergonzado en un momento en que ella pareció mirarle de reojo. No le quedó claro si la chica le había contestado. Sí, una rápida nubecilla de vaho había salido de su boca, pero podía haber sido la materialización de un suspiro de tedio o simplemente su respiración. Y ya no hubo tiempo para aclararlo. El autobús llegó y la chica se escupió algo en la mano y lo tiró a la papelera. Luego subió al bus sin despedirse. Tampoco lo miró desde detrás de las ventanillas empañadas. Él se quedó un rato viendo cómo se alejaba el vehículo. Era bonito, un luminoso oasis de calefacción rodando sobre el asfalto mojado la ciudad oscura y fría. Se preguntó dónde iría. Cuando lo perdió de vista se levantó, se dio unas palmadas en sus mulos ateridos y se acercó a la papelera. No le costó demasiado encontrar el chicle. Aparentemente de fresa ácida y recubierto de ceniza, una cáscara de pipa y una serie de pequeños fragmentos no identificables. Impregnado en saliva fresca y caliente, brillaba a la luz de las farolas. Subió a casa sosteniéndolo entre el índice y el pulgar. Se sentó de nuevo junto a la ventana y se metió la masa en la boca. La masticó. Los jugos y los tropezones se esparcieron por su paladar. Justo antes de quedarse dormido pensó que aquél era el sabor del amor.

www.ivanrojo.wordpress.com

viernes, 25 de marzo de 2011

Hasta siempre, guapísima

Liz Taylor (1932 - 2011)

Murió la gata sobre el tejado de zinc, la Rebecca de Ivanhoe, la amiguita de Lassie, Ruth Wiley señora de "La senda de los elefantes", Leslie Benedict en "Gigante", la Martha que temía a Virginia Woolf, Lorena Penderton en "Reflejos en un ojo dorado"... cerró sus enormes ojos violeta y se fue para no volver. Descanse en paz. 

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La noticia en El País
El homenaje de Lapor

jueves, 24 de marzo de 2011

Buk

Reconozco que nunca he sido demasiado fan de Charles Bukowski, a quien leí durante mis años mozos más para satisfacer el necesario desorden hormonal que asola a todo adolescente, que por sentir algún interés literario. Es ahora cuando, algo más maduro o al menos no tan salido como entonces, estoy redescubriendo al maestro del realismo sucio. Y lo estoy haciendo a través de su obra poética, de una fuerza y una vigencia inesperada para mí, a pesar de que un par de buenos amigos me habían advertido de ello. Obviamente sus poemas no son ajenos a las principales preocupaciones y obsesiones presentes en la prosa de Buk. Igualmente, el grueso de los temas que hicieron famoso a Bukowski –el alcohol, los caballos, las mujeres, las peleas, la inspiración…-, están presentes aquí. Aunque lo más interesante es que junto a ellos, se insertan una serie de cuestiones introspectivas de fuerte calado que nos permiten conocer mejor al personaje. Y no sólo a él, también a su mejor y en ocasiones única amiga, esa sórdida y underground Los Ángeles, bastante alejada de la imagen que se nos ofrece a través del cine de tetas y culos made in Hollywood o de las series norteamericanas para adolescentes. Aunque lo mejor del Bukowski poeta es su acercamiento a lo que él mismo llamaba poema esencial. Aquel que se opone al falso concepto de que un poema ha de ser algo deslumbrante y sagrado, cayendo en el rebuscamiento superfluo, justo lo que, desde su punto de vista, destruye a la mayoría de los poemas.      

El primero de los poemarios que me he leído, el más extenso y el que más me ha gustado, responde al nombre de “Guerra sin cesar (Poemas 1981 – 1984)”. En él Bukowski nos habla con serenidad de lo que se siente al comer un menú para jubilados, de sus particulares recitales de poesía para universitarios del Medio Oeste o de cómo sobrellevar un caluroso día de agosto encerrado en casa. Sin embargo, el bloque más extenso e interesante tiene que ver con el mundillo de las apuestas de caballos. En el hipódromo se darán cita los personajes más bizarros de todo Los Ángeles, produciéndose un cúmulo de situaciones a cada cual más estrambótica y que darán pié a Bukowski para reflexionar de una forma cruda y desgarradora sobre la condición humana. El segundo de los libros se llama “El padecimiento continuo”, que es justo el título del mejor de los poemas incluidos. Se trata de una recopilación de poemas inéditos del “Walt Whitman de Los Ángeles” (Joyce Carol Oates dixit).

lunes, 21 de marzo de 2011

Vaya crack el tal Domínguez

Declaraciones de Álvaro Domínguez, defensa central del Atlético de Madrid, al término del encuentro que enfrentaba a su equipo con el Real Madrid: “Menos mal que yo no estaba cerca en la jugada en la que Cristiano empezó a dar toquecitos en la banda. No sé qué habría pasado”.

Y es que no hay cosa más indignante que ver como un futbolista se dedica a dar toquecitos al balón. ¿Qué será lo próximo? ¿Hacer un regate? ¿Meter un gol? 

jueves, 17 de marzo de 2011

El camino del tabaco


Como dejó escrito un poeta polaco, “cuando el agua te llega al cuello no tiene sentido preocuparse de si es potable o no”. Eso mismo me repito yo muchas mañanas en las que me despierto con esa sensación de angustia. Hay personas que son capaces de ver las cosas de una forma distinta, más positiva o tal vez más valiente, aún cuando el agua ya les moja los bigotes. Es el caso de Jeeter Lester, protagonista de la novela “El camino del tabaco”. Un recolector de algodón arruinado, que se levanta cada día a pesar de que el mundo no le concede tregua. No quiero con ello dar una imagen heroica y ni mucho menos amable, del amigo Jeeter. Su retrato, el que pinta Erskine Cardwell, es el de un tipo miserable, bruto, ignorantón, indolente y, a la vista de lo que se nos narra, bastante vil.

La novela fue escrita en 1932 y nos ofrece una visión despiadada e inmisericorde del sur estadounidense a principios del siglo XX, lo cual le ocasionó no pocos problemas a su autor, ya que la sociedad sureña estaba acostumbrada al reflejo bucólico, amable y costumbrista que la literatura solía ofrecer de sus tierras. A Caldwell por el contrario, le interesaba reflejar y denunciar las miserables condiciones en las que vivían los campesinos de Georgia. Algo que conocía bastante bien ya que él mismo fue jornalero en las cosechas de algodón, antes de convertirse en escritor y periodista. El escritor afirmó que su obra era sobre todo un rechazo a la literatura de “claro de luna y magnolias” que se llevaba escribiendo desde hacía demasiado tiempo en el sur.

La verdad es que, tras haberme leído “El camino del tabaco”, no me extraña que los paisanos de Caldwell se mosquearan con él. Y es que debe haber pocas novelas que hablen del sur con tanta dureza como ésta. Con esa familia protagonista, los Lester, azotados por el hambre, la pobreza y el analfabetismo. Con ese padre mezquino a más no poder, el mencionado Jeeter, capaz de casar a una hija de doce años con un vecino a cambio de unos dólares, un poco de aceite y unas mantas. Con una madre adicta al tabaco, ocupada en parir hijos para después despreocuparse por ellos. Con una abuela que, silenciosa y vestida con harapos, se arrastra como un perro buscando algo de comida, pues su propia familia se la niega. O la nuera, una viuda cuarentona metida a predicadora, con una horrible cara sin nariz, que se gastará toda la herencia de su marido para comprarse un coche y contraer nuevas nupcias con el hijo más pequeño de Jeeter. ¿Y que decir de la otra hija de Jeeter y Ada?, voluptuosa pero despreciada por los hombres a causa de su labio leporino…

La novela debió de causar un gran impacto en su época. De ella se hizo una exitosa adaptación teatral que se mantuvo varias temporadas en cartelera. Igualmente, sobre la base del libreto escrito por Jack Kirkland, John Ford dirigió “La ruta del tabaco” en 1941. La lástima es que se trate de una obra menor del maestro Ford. Aunque lo peor es que no beba directamente del libro de Caldwell, mucho más duro que el libreto de Kirkland. En la película, amén de cambiar algunos datos e introducir un extraño happy end, lo que más llama la atención es la obsesión por lo políticamente correcto. Se pierde así la fuerza expresiva del original, esa visión de la decadencia económica en su representación más cruda y miserable. Igualmente no alcanzamos a ver la vileza moral de los personajes, cuyas actitudes mezquinas, racistas y grotescas son suavizadas, cuando no directamente eliminadas, en la película de Ford. Con todo no está mal, pero es otra historia. Eso otro camino.  

miércoles, 16 de marzo de 2011

...se está muriendo la mamá


La verdad es que llevo varios días intentando escribir sobre algo y no soy capaz. No me sale nada porque ni siquiera sé lo que quiero contar o lo que es peor, si quiero contar algo. Lo cierto es que durante la todavía corta vida de este espacio, nunca me había ocurrido eso y siempre acababa por juntar cuatro palabras para, peor que mejor, hablaros sobre cualquier cosa. Incluso en bastantes ocasiones acababa por descartar temas o entradas a medio construir evitando así una saturación de contenidos en el blog. Puede que, por aquel entonces, estuviera más dispuesto que ahora a contar cosas de mi vida o puede que, simplemente, tuviera más imaginación. Aunque no, lo que tenía es mucha más ilusión. Ahora me encuentro bastante cansado fundamentalmente porque, en lo personal, no me hallo en mi mejor momento. Me he llegado a plantear si cerrar el blog, aunque al final he decidido que no. ¡Qué coño!, si se ha de morir que lo haga él sólo, no es necesario darle la estocada. Por lo que a hoy respecta, aquí tenéis otro post. No sé si será el último, posiblemente no. Mañana, o tal vez pasado, os hablaré de algún libro que me he leído últimamente o del nuevo disco de los Manel que, después de tan sólo tres escuchas, me tiene enganchado. Más allá de eso, no sé que va a pasar con TCBUP. Dios dirá…

Hablando del último disco de los Manel, “10 milles per veure una bona armadura”, comentaros que en él se incluye una preciosa canción titulada “Flor groga” en la que Guillem Gisbert canta lo siguiente: “si em llevés i fós rei, reuniria les Corts per incloure en el codi penal que es prohibeixi a la gent ‘nar pel món buscant res que no pugui anomenar…” [Si me despertara y fuera el rey, reuniría a las Cortes para incluir en el código penal que se prohíba a la gente ir por la vida buscando cosas que no se es capaz ni de nombrar]. Cuanta razón resumida en una frase…

miércoles, 9 de marzo de 2011

9 de marzo de 1994

El milagro es lo más breve

sabes
que fue muy bueno
fue
mejor que
cualquier otra cosa

fue como
algo que
pudiéramos
coger
sostener
y mirar
para luego reírnos
de ello.

estábamos en la
luna
estábamos en la
maldita luna,
lo teníamos

estábamos en el jardín
estábamos en el
pozo infinito

nunca hubo lugar
semejante

era profundo
y
era leve
y
era elevado

estuvo tan cerca
de la locura,
reíamos
tanto
tu risa
y
la mía

recuerdo cuando
tus ojos
dijeron amor
a gritos

ahora
mientras estas paredes
tan quedamente
mudan.

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Charles Bukowski
(1920 – 1994)

martes, 8 de marzo de 2011

Lo nuevo de Iron & Wine

Reconozco que estoy completamente enganchado a “Kiss each other clean”, último disco de Iron & Wine y no puedo parar de escuchar “Walking far form home”, “Me and Lazarus”, “Tree by the river”, “Monkeys uptown”, “Rabbit will run” y así hasta completar los diez cortes del álbum.

 ¿Pero quienes son Iron & Wine?
Pues se trata de un interesantísimo proyecto musical detrás del cual anda el barbudo Sam Bean, tejano de adopción y con un buen número de álbumes a sus espaldas desde que, en el 2002, iniciara su trayectoria con “The creek drank the craddle”. Su música, a la que podríamos incluir dentro de la heterogénea categoría del nuevo folk americano o del amplio paraguas de la americana, ha ido ganando en complejidad con cada nuevo lanzamiento. Si bien, en ningún caso la mezcla había resultado tan rica como sucede en este álbum, cuya portada, por cierto, me recuerda mucho a esta otra de Explosions in the Sky. Hasta el punto que algunas publicaciones se han apuntado al carro de calificar a este “Kiss each other clean” como el álbum de funk de Iron & Wine”. Ok, quizá no sea para tanto, pero sí que es verdad que el cantautor norteamericano a ampliando su mapa de sonidos, incluyendo ritmos provenientes del funk, pero también del  jazz e incluso ecos provenientes de la música africana y/o latina. No os asustéis, que todo esta mezclado con muy buen gusto y bien cuadrado. Y el resultado final es este excelente trabajo que, por encima de todo, suena a Iron & Wine.

Ahí os dejo “Tree by the river” en directo.

lunes, 7 de marzo de 2011

Bulshiterismo

Me encanta este palabro inglés que se refiere a cualquier uso falso, engañoso o doble del  lenguaje. Utilizada generalmente en un sentido despreciativo la traducción literal del término al castellano sería “mierda de toro”, lo cual nos puede dar muchas pistas de por donde van los tiros. Sin embargo expresar el significado exacto de bullshit en la lengua de Cervantes es harto complicado, ya que en inglés encierra diferentes significaciones que no se agotarían usando una única palabra castellana. Vendrían a ser tonterías, pero también patrañas, chorradas, charlatanería, sandeces, cháchara, pendejadas… o mamonadas, mi  favorita del lote por ser en la que mejor se aprecia el deje despectivo que el término encierra.  

Obviamente aquel que trata de colarte su bullshit, es un bullshitero (“bullshitter”) y como tal tienes la obligación, incluso moral, de espetárselo en toda la jeta. Porque por desgracia el bullshit campa a sus anchas en nuestra sociedad, amenazando con convertirse en deporte nacional. No es un asunto baladí. El problema es muy serio, ya que al final, el bullshitero trata cualquier cuestión mínimamente trascendente con palabrería hueca desprovista de todo contenido y cualquier cosa le vale como argumento para, precisamente, no argumentar nada. 

Al final, como dice Harry G. Frankfurt en su ensayo “On bullshit”, el fin principal del bullshitero es proyectar una opinión de sí mismo, y los puntos concretos en los que basa su discurso, aquellos sobre los que se podría defender su certeza o falsedad, tienen un valor secundario con respecto a ese fin principal. Para entendernos, viene a ser lo mismo que el egoísmo crónico del niño pequeñito, "rey de la casa". El yoísmo tan propio del niño cuya medida del mundo es él mismo y sus apetencias. El infantilismo como patología, o lo que es peor, como valor absoluto.

En fin, como cantaba Kurt Cobain, “…oh well, whatever, nevermind”.  

domingo, 6 de marzo de 2011

Sea of Bees en el Luís Vives

Ya he alabado en alguna que otra ocasión la labor de los responsables del Colegio Mayor Lluís Vives, capaces de traernos a interesantes bandas del panorama nacional e internacional para que actúen for free en la capillita del centro. Pues bien, el pasado viernes y a eso de las 8 de la tarde, le tocó el turno a Sea of Bees, proyecto musical al frente del cual se haya la cantautora y multiinstrumentista Julie Ann Baezinger. A caballo entre su gira europea y varios conciertos programados en Nueva York, la californiana venía a presentarnos  su elepé de debut "Songs for the raven", deliciosa colección de canciones editada durante el pasado 2010. 11 cortes a los que, de forma injusta, no presté la atención que merecían. El álbum viene a ser un compendio de texturas intimistas muy próximas al universo indie folk y al pop más melancólico, interpretadas por una señorita de voz angelical y en ocasiones aniñada, con tonalidades que la aproximan en ciertos momentos a la mismísima Björk o a las hermanitas Cassady de Cocorosie.

Lo primero que he de decir es que tanto Jules, como su acompañante para la ocasión –que dijo llamarse Amber-, son dos chicas encantadoras... y muy dulces. De hecho lograron crear un ambiente mágico en el cual todo el público asistente quedó prendado por su derroche simpatía, sobretodo cuando intentaban explicarnos el significado de cada canción o cuando  relataban las incidencias de la extenuante gira en la que se hayan inmersas. Y no sólo por eso, sino también por su música, aparentemente simple pero repleta de texturas diferentes y que supura emoción a raudales. De hecho pienso que ahí radica la principal virtud de la música de Sea o Bees, en esa intensidad emocional que hace que cada canción interpretada se sienta como algo completamente personal. Lo único malo es que el formato acústico elegido para la ocasión, nos privó de disfrutar con las variaciones instrumentales que sí se aprecian en el disco. Por el contrario el directo nos permitió comprobar como la música de Jules Baezinger crece con lo coros y puntuales juegos de voces de los que participa Amber, también provista de una bonita y sugerente voz. Una cosa por otra.

En definitiva, un bello encuentro musical. 

viernes, 4 de marzo de 2011

El sueño del celta


Precisamente ahora, en que otra absurda polémica se cierne sobre la figura del último premio Nobel de literatura, un servidor va a colgar una entradita sobre él. ¡Porque yo lo valgo! Pero si escribo sobre Mario Vargas Llosa no es por mero capricho, sino para dejar constancia de que su última novela, “El sueño del celta”, es una obra apasionante que me ha gustado un huevo y por lo tanto os recomiendo. 

El celta de quien habla la novela es Roger Casement, diplomático irlandés al servicio del Imperio Británico que, a comienzos del Siglo XX, se haría famoso al denunciar en sendos informes los horrores del colonialismo en el Congo y en la Amazonía peruana. Reconozco que no conocía a este fascinante personaje, un héroe para algunos y un traidor para otros, incluso para aquellos que le concedieron los mayores galardones por su trabajo. Porque Casement fue además una de las figuras más relevantes del nacionalismo irlandés y como tal, fue ajusticiado en Londres en 1916, tras los primeros alzamientos en Irlanda, acusado de alta traición. 

Al igual que hiciera en "La fiesta del chivo" (2000), el novelista peruano parte de hechos históricos bien documentados. Se trata en este caso de las crónicas de Roger Casement a quien acompañamos en su periplo vital a caballo entre África, Sudamérica y como no Irlanda. De como las circunstancias le llevaron a embarcarse desde Liverpool hasta El Congo Belga cuando apenas contaba con 19 años, trabajando a las órdenes de Leopoldo II. O como más adelante, en 1910, sería enviado al Perú como comisionado por la Foreign Office para investigar las denuncias recibidas contra la compañía cauchera peruana, de capital británico, Peruvian Rubber Company

Vargas Llosa se basa fundamentalmente en los diarios de Casement y en sus demoledores informes anticoloniales, además de otras muchas fuentes de la época, para estructurar una novela que divide entre capítulos pares e impares. Los impares recorren minuciosamente los tres meses anteriores a la pena de muerte de Casement y se centran sobretodo en sus reflexiones más personales, en sus anhelos y también en sus vicios más ocultos. Por contra los pares recorren las 2 expediciones de Casement en El Congo y en la Amazonía, sus investigaciones sobre la salvaje explotación del Congo por el gobierno Belga y sus compañías mercantiles, y la terrible explotación de los indígenas de la selva amazónica por las compañías caucheras; así como la participación de Casement en la insurrección independentista irlandesa de 1916.

Lo dicho, muy bueno.

jueves, 3 de marzo de 2011

Míos, tuyos, nuestros


No señores, no tengo intención de continuar la senda iniciada con la entrada de ayer y convertir TCBUP en un espacio temático en el cual clamar contra toda la caspa cinematográfica que inunda las pantallas de nuestros televisores. Y no será por falta de fuentes de inspiración, como en el caso de la mamarrachada con la que titulo la entrada de hoy. Un engendro protagonizado por Dennis Quaid y René Russo, en el cual ambos-dos se amancebaban aportando al domicilio conyugal la friolera de 18 hijos fruto de relaciones anteriores. Si no la habéis visto… ¡pues no la veáis coño! Es lo puto peor.

Como he dicho éste post no irá sobre cine malo, sino sobre política peor. Sobre eso y también sobre el concepto de valensiania… xé xé xé!!! Y me serviré de dos ejemplos muy, pero que muy calentitos: La proclamación del candidato más respaldado de la historia de la política mundial y la campaña mediática emprendida por “la meseta” contra ese futbolista ejemplar llamado David Navarro.  

Respecto al affaire Camps no hay mucho que añadir a lo que ya se ha dicho. Tan sólo que, a un servidor como valenciano -de la Ribera Baixa-, le produce muchísima vergüenza el circo que tenemos montado por culpa de las huestes de este personajillo acusado de cohecho (impropio). Una acusación que debería sonrojar y hacer dimitir al Gens Honorable President. Sin ir más lejos, en Alemania y por mucho menos, dimiten hasta los Ministros del Gobierno. Eso y que me parece indignante que a la mayoría (al parecer absoluta) de mis paisanos no les parezca que esto es una puñetera vergüenza. Hasta el punto de que ya he aceptado que van a ser otros cuatro años padeciendo al hidrópata y a sus desmanes. ¡Y que no sean más! De todas formas, en mis ansias por comprender que carajo les pasa por la cabeza a mis convecinos, me he topado con un brillante artículo publicado en El País el 11 de mayo del pasado 2010*. En él Ignacio Urquizu, profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, afirma lo siguiente: “El segundo límite de las democracias es la información. Ésta no está distribuida de forma equitativa y, generalmente, un grupo de ciudadanos sabe mucho más que el resto. Ante la ausencia de información o la presencia de información contradictoria, los votantes terminan usando la ideología. Dicho en otras palabras, cuando uno no sabe a quién creer, acaba creyendo a los “suyos”. Esto significa que la ideología acaba condicionando el comportamiento electoral, pesando mucho más en la decisión de voto que cualquier otra cuestión.”  Ergo los valencianos no es que justifiquemos la corrupción, sino que somos un atajo de fachas. Y estos fachas, presuntamente corruptos, son de “los nuestros”, así que…

Pero es que además de fachas “sóm valencians, mai catalans”, como rezaba el exitoso eslogan creado por algún sector blaverista. Así se explica la aceptación generalizada con la que se está viviendo el corte definitivo de las emisiones de TV3 en la Comunidad Valenciana. , ¿van a venir de Cataluña a explicarnos como son las cosas? O de Madrid, aka “la meseta”, on no tenen res i ho volen tot!!!  

Ya hablando de temas menos trascendentes, podemos ver como esa misma valensiania casposa, esa defensa “de los nuestros” por encima de todo, lleva al nefasto jefe de deportes del diario Levante – EMV a escribir una cagada de artículo titulado “Campaña contra Navarro (por su mala cabeza)”, en la que justifica con argumentos bastante cerriles, cuando no directamente dementes, la lamentable actuación del capitán del Valencia CF el pasado domingo. Para los que no lo sepáis, David Navarro, después de abrirle la cabeza de un codazo a Fernando Llorente, en una actuación digna del Goya se tiró al suelo simulando que le habían golpeado a él, ¡hasta el punto que tuvieron que retirarlo del campo en camilla! Obviamente volvió al cabo de un momento como si nada y, encima, al final del partido se defendió atacando a los jugadores del Athletic Club de Bilbao por, supuestamente, haber cosido a patadas a sus compañeros. Por cierto que, un poco antes del mencionado show, Navarro ya le había roto la nariz a Javi Martínez de otro codazo.     

Os extracto algunas perlas del artículo del señor Aleixandre:

“(…) quiso luego resarcirse cuando no tocaba y ante un objetivo inapropiado: Fernando Llorente, el niño bonito de la Selección, alto, rubio, ojo azules, el capricho de las quinceañeras, racial, más españolista que vasquista, codiciado por el Real Madrid y recientemente apadrinado por Butanito II. Imperdonable. Ese codazo se lo propinan a otro más modesto y menos mediático, por ejemplo Casquero, un suponer, y el predicador nocturno de las ondas no arma el escándalo que ha montado.” Curioso que para defender a un carnicero con currículum como David Navarro, el juntaletras haya recurrido a desprestigiar a un futbolista con trayectoria intachable hasta el momento. Despreciable es poco. 

“(…) Pepe, otro con el disco duro rayado, pero al que, gozando de la protección mediática madrileña, se le disculpan sus destemplanzas.” Hombre, yo no sé si le disculpan mucho. Tan sólo recordar que al defensa portugués le cayeron 10 partidos de sanción por su agresión a Casquero.

“(…) hay otros que no deberían pisar los campos. Y ahí están.” Digo lo mismo que en el primer párrafo… y en el segundo. Eso sí, es bastante gracioso que el comentarista se olvide del vergonzoso affaire Navarro – Burdisso, en el que el defensa del Puerto de Sagunto le reventó la nariz al jugador argentino del Inter de Milán y después salió huyendo. ¡Y eso que Navarro ni siquiera estaba jugando! Una salvajada que dio la vuelta al mundo y que originó que la UEFA sancionase al angelito con un año sin jugar en cualquier competición europea. ¿A quien había que vetarle la entrada en los campos de fútbol?

“De manera que dispongámonos a soportar con ánimo templado y resignación cristiana otra campaña contra el defensa saguntino, semejante a la que le montaron a David Albelda cuando lo de Zidane.”  No Jota Uve, mejor canonicemos a David Navarro y de paso lo postulamos para el premio al Fair Play que da la FIFA, ¡no te jode! 


per a ofrenaaaar… noves glòries a Espanya…tots a una veu… germans vingau ♪ ♪ ♫ ♪ ♪ ♫
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*vía Escolar.net

miércoles, 2 de marzo de 2011

Terror en familia


En esta semana que todo el mundo habla de la justicia o injusticia de los galardonados en la gala de los Oscar, celebrada la madrugada del domingo al lunes en el Kodak Theatre de Los Ángeles, aquí el menda lerenda va a hablar de una actriz que conoce lo que es triunfar en esa gala: la norteamericana Hilary Swank.

Y es que, tan sólo tres añitos antes de ganar su primera estatuilla por su papel de chico nacido en el cuerpo de una chica, en la aclamada cinta independiente “Boy’s don’t cry” (Kimberly Pearce, 1999), y ocho antes de recibir la segunda por interpretar fantásticamente a la boxeadora Maggie Fitzgerald, co-protagonista de “Million Dollar Baby” (Clint Eastwood – 2004), Hilary Swank caía en las redes de Gregory Goodell, consumado especialista en horrorosos telefilmes, de esos que gustan tanto a los programadores de Antena 3.

La joyita se llama “Terror en familia” (1996) y el pasado domingo, por enésima vez y no sabemos si a modo de homenaje, la pusieron en la sufrida sobremesa dominical. En ella Deena, una quinceañera con nociones básicas de artes marciales, se lía a sepias contra sus padres y hermanos cada vez que estos le importunan con preguntas sobre su nueva vida. Porque de eso va básicamente la película. De dar hostias a diestro y siniestro. Y es que la chica sufre un cambio radical de actitud a raíz de comenzar a salir con Garrett, un malote prototípico de esos que se arremangan las camisetas de manga corta para guardar ahí el paquete de tabaco. Como sus padres no pueden imponer su autoridad y siguen recibiendo hostias al cargo de su hija, la envían a vivir con su tía. Pero antes de eso la denunciaran ante la policía por abusos psicológicos y físicos. ¿Qué? ¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? La cosa es que no sé como acaba el embrollo, ¡ni ganas! Lo que sí sé es que si el padre  hubiese sido Bruce Willis, otro gallo hubiese cantado.

Vamos que, después de perpetrar semejante cagarro, cualquiera le iba a decir a la Swank que recién cumplidos los 31 tacos, estaría recogiendo su segundo Oscar y su segundo Globo de Oro.

Por cierto que con esta película, que dura unos escasos 86 minutos, le dio a la gente Antena 3 para llenar toda la parrilla de la sobremesa de domingo ¡y parte de la tarde!      

martes, 1 de marzo de 2011

Per laberints


Si algo hay que reconocerles a los gestores de Bancaja, la principal entidad bancaria de la terreta, es que gracias a su obra social y cultural consiguen acercar hasta la Comunidad Valenciana algunas de las más interesantes exposiciones que pululan por el país. Otra cosa es su labor como intermediario financiero, más que cuestionable, aunque eso no sea objeto de la presente entrada. El caso es que, durante estos días, el Centro Cultural Bancaja expone una coproducción del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) y la propia Bancaja titulada “Por Laberintos”. Una maravillosa exposición que recomiendo encarecidamente. ¡Yo ya he ido tres veces a verla! 

El caso es que desde pequeño siempre me han atraído mucho los laberintos. No sé exactamente de donde me viene la fijación, pero recuerdo que ya muy pronto le cogí gusto a diseñar complejos laberintos en las hojas de mis libretas de clase. También me acuerdo que, siendo todavía un crío, me gustaba acudir con mis padres hasta el autocine de El Almaguer, hoy día clausurado, porque me dejaban jugar en las atracciones infantiles que había junto al bar. No por las atracciones en general, sino por un rudimentario laberinto en cuyo centro, vaya usted a saber porqué, había plantada una especie de tienda india. El caso es que esa fijación por esos caminos tortuosos y complejos, que emprendemos voluntariamente o por una impuesta obligación, en los que usamos el movimiento para entrar y encontrar el centro y también para salir, me ha perseguido toda la vida. ¡Si hasta me quedaba embobado viendo la chorrada esa de “El laberinto del Chinotauro”! ja ja ja     

Y es que el laberinto como construcción y símbolo está presente en muchas tradiciones culturales de la humanidad y su historia milenaria revela la fascinación que siempre ha despertado en el hombre porque, de algún modo, le habla de la condición humana: existen infinitas situaciones en las que es fácil entrar pero de las que es difícil salir. Por eso la exposición realiza un repaso del concepto y la representación del laberinto a lo largo de la historia, haciendo una clara distinción entre laberintos de recorrido único, unicursales -Labyrinths-, y de recorrido múltiple, multicursales –Mazes-. Una cuestión esta última que descubrí en la exposición ya que siempre pensé que los laberintos eran multicursales, ¿sino que sentido tendrían?... pues se ve que no. No fue hasta el año 1420 cuando el ingeniero veneciano Giovanni Fontana, a través de su libro “Bellicorum instrumentorum liber cum figuris et ficticiis litoris conscriptus”,  introducirá este concepto en los laberintos. Sólo a partir de ese momento aparecerán provistos de sus características encrucijadas y multiples salidas para confundir a los visitantes.  

La muestra plantea espacios muy diferenciados que se ilustran con obras de diferentes procedencias y formatos, autores y épocas, como, por ejemplo, piezas arqueológicas, grabados, fotografías, planos, proyecciones o maquetas, aparte de piezas audiovisuales, animaciones y espacios interactivos, creados expresamente para la muestra. Desde mi punto de vista, lo mejor son las piezas audiovisuales y muy especialmente una proyección a cuatro pantallas, en la que se combinan fragmentos de películas tan diferentes como “Elephant”, “El tercer hombre”, “Kanal”, “Cube”, “El nombre de la rosa”, “Dark City”, “Charly”, “Gerry”, “Tron”, “La dama de Shangai”, “Dentro del laberinto”...  todas ellas con evidentes referencias al mundo de los laberintos.  

Muy chula. 
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