domingo, 29 de septiembre de 2013

Los millones

Pongamos qué un miembro de los GRAPO, de una pírrica célula durmiente instalada en un suburbio de Madrid y que está compuesta única y exclusivamente por su mismidad, es agraciado con el premio gordo de la Lotería Primitiva. Pongamos que al terrorista, en su innoble condición, le resulta difícil cobrar un premio para lo cual habría de identificarse y abandonar el anonimato y la marginalidad. Pues bien, eso es "Los millones", deliciosa novelita del polifacético artista y artesano vasco Santiago Lorenzo. Bueno eso y mucho más tal como apunta Kiko Amat en esta magnífica entrada en su web que suscribo de Pé a Pá:
Los millones
Santiago Lorenzo
Libros Mondo Brutto
205 págs.
¿Los millones? Su reino no es de este mundo. ¿De qué reino hablamos? De uno que sobrevive perdido, aislado, olvidado, una meseta 80’s que –contra todo pronóstico- vuelve a nosotros en pleno 2011, acarreando algo de paz para combatir el desasosiego y la presente banalidad de base. Pero no me entiendan mal: Los millones no es un libro ochentas; simplemente está ambientado allí. En 1986, para ser exactos. Esta sensacional novela, por añadidura, ostenta la más escueta y a la vez descriptiva nota de contraportada que hemos visto jamás: “Marzo de 1986. A uno del GRAPO le tocan doscientos millones de pesetas en la Lotería Primitiva. No puede cobrar el premio porque no tiene DNI”. Pero esta (por otra parte) fabulosa reducción de trama podría llevarles a engaño, porque Los millones dista mucho de ser una noveleta-con-guiño, una broma pulp con aroma cañí, por mucho que transcurra en el Madrid de mediados de los ochenta y por mucho que su protagonista sea “terrorista”. He aquí una novela que podría ser descrita como “analógica”, de la forma en que Thomas Pynchon se refirió alStone Junction de Jim Dodge. Un libro que, tanto por su celebración de las cosas que ya no existen, por su inherente panegírico a ese mundo (a ese Madrid) en vías de desaparecer, como por su lenguaje deliberadamente anacrónico, como por su rechazo a truquitos metaliterarios o fragmentación posmo, podría ser de cualquier época, perenne, inmutable. Noventayochista, si me permiten exagerar. Esta es, entonces, una novela pre-tecnológica, pre-globalización, escrita por alguien que aún está enamorado de Salgari, Verne, Chesterton, el Valle-Inclán de Luces de bohemia y Conan Doyle, ajeno a los dimes y diretes del mundo editorial, sus modas y bagatelas, sus pisaverdes y sus pelmazos. Una novela casi de aventuras, solo que en lugar de suceder la acción en un altiplano perdido de la Amazonia o en un bajel pirata que sortea el Cabo de Hornos (o en un café de 1924), su adictiva trama se nos presenta en un maravilloso Madrid 1986 preservado para nosotros con el amor y el cuidado de un veterano entomólogo.
La trama detectivesco-conspirativa de Los millones, como habrán imaginado, es solo un pequeño encanto de los muchos que pasea por ahí esta remarcable obra. Uno pasa las páginas con furia, enfrentado a un misteriete que tiene tanto de El hombre que fue jueves como de The Ipcress file. Pero lo que deja más poso, lo que le rompe a uno el corazón, es su maravillosa oda a un mundo que parecía eterno, y resultó no serlo. En ese sentido, Los millones es una obra nostálgica, de la forma menos imbécil, menos barata y menos estéril posible: una novela que celebra la sociedad, comunidad y forma de vida de 1986, un universo que aún era remarcablemente parecido al de 1886, un medio ambiente que creíamos destinado a la eternidad, y que hacia mitades de los 90 nos arrancaron de debajo de los pies sin avisar ni pedir permiso. Piensen en el reciente “My town” de The Wild Swans, o el “Losing Haringay” de The Clientele, o la penúltima novela de Jonathan Coe, y entenderán el sentimiento subyacente aquí; incurable pesadumbre por lo que ya no existe.
Los millones, por tanto (sin caer jamás en la sensiblería Reader’s Digest, o el afectado kitsch gilipollas del que luce una camiseta de Naranjito), le canta a Radio Ochenta Serie Oro, a la cazalla y los botellines, a las chupas de “termoforro”, a la prensa deportiva, los Bonys y el mundo social pre-Facebook, pre-móviles, pre-subnormalidad. En ese sentido, como obra que aplaude a un planeta 80’s tan seguro de su permanencia como inquieto por el futuro, la novela es insuperable. Es irónico, asimismo, que el responsable de describir esa sociedad sea, precisamente, un protagonista forzado a la marginación y a la asocialidad, pero tal vez sea su estática soledad la que realza la vida de una ciudad que vivía en la calle; o, más concretamente, en los bares de ésta. Y es que Los millones es también un canto al bar, a sus costumbres, hábitos, clichés y particularidades, a sus leyes y su aspecto, tanto interior como exterior. Desde luego, solo alguien que haya pasado media vida en bares y bodegas (ver lista de julio-agosto) puede ser capaz de plasmar con semejante meticulosidad molecular el maremoto de detalles y referencias que pueblan la prosa del libro. Como el propio autor reconoce al final, “todas las localizaciones de la novela son reales, y funcionaban como tales en 1986”. Ni que lo jures, Lorenzo.
No obstante, debemos insistir, esta no es una novela vivencial. Su propósito final es ese entretenimiento de vieja escuela, Jardielesco y Mihurista, que los cráneos previlegiados de la literatura actual rehúsan tocar, y que tan en falta se echa en las librerías de hoy. Y a la vez, esas aventuras son la excusa para hablar con grandioso pathos de la soledad y la supervivencia, de lo dañina que es la carestía amical, del hueco en el alma que horada la falta de seres a quien amar, y a la vez a las posibilidades redentoras del amor romántico, del compadreo eterno, del encuentro de la media naranja. Por si esto fuese poco, casi inadvertidamente, Santiago Lorenzo erige simultáneamente un manual para el ahorro, un decálogo para arreglárselas con pocas perras, que apreciaran todos los manirrotos patológicos y dados al dislate pecuniario.
Como todo debe encajar, quizás sepan ya que Santiago Lorenzo es además artista pre-tecnológico (no se pierdan sus esculturas-híbrido de modelismo amueblante), cineasta (suyas son Mamá es boba y Un buen día lo tiene cualquiera, además de varios cortometrajes premiados aquí y allá), señor con cola de caballo y amante fatal de una buena barra de bar. Es decir: un humano al que desearíamos conocer, abrazar, sepultar en lisonjas, abrumar mediante brindis de repetición y, ya juntos y ebrios, maldecir la dictatorial intangibilidad y estulticia de estos tiempos nuevos, nada salvajes. Compren su libro, por favor.
Kiko Amat
Después de acogerme a la ley del mínimo esfuerzo ( penitenciacite), me despido insistiendo en lo mismo que el señor Amat: ¿a qué esperan para leerse este libro? Búsquenlo, cómprenlo y léanlo, no se arrepentirán.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Hellsingland Underground en El Loco, que no es poco

A ver como empiezo... 
...pues se suponía que esta crónica, junto a la de JetBone, tenía que salir mañana viernes. Dado que la espalda no me está dando tregua y lastimosamente no voy a poder asistir al concierto de esta noche, ahí van mis apuntes sobre lo sucedido el pasado jueves en la sala El Loco con los Hellsingland Underground como protagonistas.

No sé si por el boca a boca, por una buena labor de promoción, porque al valenciano le pone lo sueco o simplemente porque allí todo pichichi había entrado por la patilla, pero la sala presentaba un aspecto reconfortante. Y es que si comparamos la cantidad de público allí congregado con la escasa afluencia de otros conciertos celebrados recientemente en esa misma sala, los organizadores ya se pueden dar con un canto en los dientes. La gente vino a disfrutar del rock sureño de unos Hellsingland Underground que visitaban nuestra ciudad en el marco de una extensa gira que incluía nueve actuaciones en otras tantas ciudades dentro del territorio español. Llegaban presentando su último disco “Evil will prevail”, publicado el pasado 2012 y considerado por la crítica especializada como lo mejor que estos suecos han grabado hasta el momento. Y hasta puede que sea así -no he escuchado lo suficiente su primer álbum como para pronunciarme- pero desde luego, de lo que sí estoy seguro es de que con este disco Hellsingland Underground han alcanzado una identidad propia que no era fácil de advertir en los cortes del “Madness & Grace” (2010) ni en los de su álbum homónimo de debut (2008). Obviamente el sonido del sexteto de Ljusdal sigue rindiendo tributo a gentes como los Allman Brothers o Lynird Skynird, si bien ahora incorpora algún que otro arreglo, elemento guitarrero y por encima de todo unas letras tirando a oscurillas que los alejan, aunque sea mínimamente, de los maestros del southern rock. Respecto a esto último decir que me resulta muy curioso. O sea, que uno esperaría que unos chicos provenientes de una ciudad al norte de Estocolmo se asemejaran más a los héroes del hard rock y el stoner que tanto gustan por aquellos pagos. Pero no, Charlie Granberg es más Gregg Allman que Nicke Andersson, si bien, el espíritu de unos Hellacopters más sincopados también está presente en Hellsingland Underground, como quedó patente en el directo.

En fin, deciros que el concierto estuvo la mar de bien, porque su disco es un buen disco de rock y porque ellos, con su vocalista a la cabeza, pero también con un pedazo de teclista llamado Henning Winnberg que hizo las delicias de los asistentes, son muy buenos músicos. Mención aparte merecen ese maravilloso dúo de guitarristas compuesto por Mats Olsson (na' que ver con el mítico balonmanista del Teka Cantabria y la selección sueca) y Peter Henriksson. Unos tipos que hacia el final del show destaparon el tarrito de las esencias y nos dieron una master class que al parecer venía incluida en el precio de la entrada. La verdad es que estos grupos nórdicos son la polla. No suelen inventar la pólvora pero siempre tienen un nivel acojonante. Envidia sana visto (y oído) lo que hay por aquí. Y eso es todo amigos... 

...bueno, eso y que me jode perderme a los JetBone esta noche. Y es que como dirían estos tipos: “el mal -de espalda en mi caso- siempre prevalecerá”.

martes, 24 de septiembre de 2013

Una historia conmovedora, asombrosa y genial

Con este libro, el primero de una prometedora trayectoria literaria, Dave Eggers sedujo a crítica y público hasta el punto que The Times lo incluyese en su lista de libros más importantes de la década. Y es que “Una historia conmovedora, asombrosa y genial” es un libro especial, las memorias noveladas del joven Eggers quien, tras la muerte de sus padres ha de responsabilizarse de su hermano de ocho años. Inmediatamente decidirá romper con el pasado, vendiendo la casa familiar en las inmediaciones de Chicago y emprendiendo un viaje con su hermano que los habrá de llevar hasta la maravillosa San Francisco.

El libro comienza muy bien, de hecho esa primera parte en la que nos cuenta los últimos días de vida de sus padres, es fantástica. Sin caer en lo melodramático, Eggers consigue que sigamos con interés y con alguna sonrisa unos momentos que, sin ningún género de dudas, debieron ser terribles. Pero después decae. Y lo hace principalmente porque lo que se nos cuenta ya no es tan interesante. Un canto a la juventud y a las ganas de vivir, es cierto, pero que no emociona tanto como me habían dicho. Todo ello empeora por culpa de un estilo narrativo que abusa de los juegos literarios, además de, porque no decirlo, aproximarse a la pedantería en no pocas ocasiones. Lo cual no quita que haya pasajes brillantes y que apreciemos en la prosa del joven Eggers muchos de los elementos que más adelante le convertirán en un escritor genial. En este sentido es interesante ver como ignora cualquier tipo de barrera narrativa y creativa, introduciendo un prólogo enorme con avisos a lo Cortázar (por aquello de “el lector puede leer sólo los capítulos imprescindibles y no hace falta que lea los prescindibles), digresiones continuas, y cualquier experimento que se le ocurra siempre que le sirva para su propósito.

En fin, que no es un mal libro, pero tampoco es para tanto. Si queréis introduciros en el universo Eggers mejor comenzar por “Guardianes de la intimidad”. Avisados estáis. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

La sombra de Fakescovedo es alargada...

Sábado noche con cena baratilla en la mítica bodeguita de El Cedro, después concierto de Javier Escovedo sin los Zeros en la sala Wah Wah y todo ello en inmejorable compañía. Buen plan. Encima marcó Bale, pero solo le valió al Real para empatar un partido que, según cuentan las crónicas, mereció perder. Aunque bueno, eso ya es otra historia. De hecho no es ni historia. Joer, sí, lo he puesto para rellenar.

Realscovedo mola...
Pues sí amiguetes, Javier es el hermanísimo del gran Alejandro Escovedo, con quien llegaría a compartir banda en aquellos True Believers con los que Javier continuaría su trayectoria dentro del punk californiano. Un camino que finalizaría tras la separación de Chariot porque lo que vino después ya no tenía nada que ver con lo de antes y es que muerto el punk se acabó la rabia... ¡¡¡que noooooo!!! Pero vino el power-pop, eso sí. Tampoco es una evolución carente de lógica, al fin y al cabo no hay tanta distancia entre los Ramones y Cheap Trick, ¿o sí? Bueno y yo que sé... A lo que iba, que ya han pasado muchos años desde que un Javier adolescente, junto a Elvez y algún otro más, comenzara a aporrear los instrumentos en Chula Vista (gran nombre el de este pueblo). Un tiempo que le ha dado para madurar y en ese proceso incorporar nuevas influencias suavizando su agría propuesta inicial. Y así es como surgió el “City Lights”, álbum en solitario de Javier que viene a ser un compendio de pop-rock energético en el cual aún se siente algo del espíritu punk de The Zeros, pero donde la carga melódica adquiere mucha más fuerza.

Leí en alguna parte que con este disco Javier pretendía recoger el espíritu de toda la música que había tocado a lo largo de su vida y hacerlo de la mejor forma posible. De lo primero no puedo hablar, pero sí de lo último. Chapeau Javi. Maravillosa la puesta en escena, el arrojo y la entrega. E increíble tu banda de acompañamiento. Unos músicos de primerísimo nivel que dieron lustre a todas esas composiciones que este californiano de origen mexicano ha ido creando a lo largo de todos estos años y que conforman esas luces de la ciudad con las que tanto disfrutamos durante la velada. Por todo eso y mucho más el show estuvo más que bien. Incluso mejor de lo esperado, para que negarlo. Luego está lo del affaire Fakescovedo, pero eso me lo guardo para mí. Estoy atesorando una colección de miserias concierteriles que ya le gustaría a alguno.
...pero Fakescovedo mola más. 

jueves, 12 de septiembre de 2013

Bron/Broen/The Bridge/El Puente

...y mientras paladeo la última joyita que nos ha regalado ese señor tan sueco él, a pesar de ser moreno y apellidarse González, que anda detrás de Junip, yo sigo a lo mío y a vueltas con la ficción escandinava de la que tan bien os hablé hace escasamente un mes

Le toca el turno a “Bron/Broen”, que viene a traducirse como “el puente” en idioma sueco y en idioma danés (y es que son buenos vecinos hasta para esto, aunque alguno dirá que es fácil serlo mientras estén amparados por la situación de prosperidad de la que gozan). Pues bien, estamos ante una interesante co-producción sueco-danesa de diez episodios, si bien, según he podido leer en algunos foros, se anuncia una segunda temporada con otros tantos. Bebiendo de las mismas fuentes de las que se nutría “Forbrydelsen” y con un patrón bastante similar, la primera temporada de “Bron/Broen” se concentra en una única investigación policial que habrá de llevar a dos detectives, uno danés y la otra sueca, hasta resolver un complejo crimen acaecido en la frontera entre ambos países. En concreto todo se inicia en medio del puente Oresund. Sí amigos viajeros, hablamos de ese puentarraco de ocho kilómetros que comunica la capital danesa, Copenhague, con la ciudad sueca de Malmö. Allí se encontrarán Saga Noren, una atractiva detective sueca con síndrome de Asperger (y si no es eso, ya me diréis que es) y Martin Rohde, orondo y bonachón policía danés de risa inolvidable que, a modo de curiosidad, está interpretado por alguien que os resultará bastante familiar si sois fans de la trilogía “Pusher” de Nicolas Winding Refn.

Siguiendo la mejor tradición de la novela negra escandinava, la de Mankell o Indridasson que no la de los Larsson, la investigación y las vidas de los protagonistas se irán enredando conforme avancemos en la trama. Aparecerán nuevos crímenes y conexiones que nos harán dudar de todo lo que anteriormente dimos por sentando. Encima las implicaciones irán alcanzando a todos los estamentos de la sociedad y como buenos escandinavos, lo hará sin dejar de lado las cuestiones de tipo social. En paralelo a todo ello iremos descubriendo el lado más íntimo de nuestros protagonistas, Martin y Saga. Eso sí, el personaje femenino, siendo bueno, no llega a emocionarnos tanto como la enorme Sarah Lund (Forbrydelsen).

En fin, que estamos ante otra gran serie surgida del frío. Producto de gran calidad que es perfectamente exportable a todo el mundo, como de hecho así ha sido, excepción hecha de los EEUU. Y es que, como bien sabréis, los gringos sufren aversión por la cosa de los subtítulos. De ahí que hayan rodado un libérrimo remake titulado “The Bridge”, que sitúa la acción en la frontera entre México y los USA. Creo que la están dando en La Sexta. ¡Na´que ver!

Y ya termino. Acabo con lo que comencé: la banda sueca Junip y su disco homónimo. ¡Joer que bueno es! En serio, meses intentando hacer ver que este álbum me gusta mucho menos de lo que realmente me gusta. ¡Qué coño me gusta! ¡¡¡que me encanta!!! Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras Suloki. ¡Viva José González y la madre que lo parió! Tack.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

11-S (una reflexión)

Los cojones me voy a meter yo en este berenjenal...

Pero ya que he captado vuestra atención aprovecho para introducir un par de reflexiones que me asaltaron, o más bien se introdujeron into my enormous chola, tras el partidito de fútbol de ayer noche. A ver chavalotes, como sé que sois de los que se dejan llevar por ese placer menor, a todas luces indigno para gentes de vasto intelecto como vosotros, ya os habréis percatado del asunto que nos ocupa: el de "la intención" futbolera. Temita recurrente dentro del microcosmos casposo del periodismo deportivo patrio capaz de elevar a la sacrosanta “intención” del mago, del playmaker y hasta del tuercebotas de turno, al nivel de valor supremo. Pongamos por caso que en un partido de la selección Xavi lanza un pase en profundidad a Soldado, pero el pase sale por la banda porque el fino mediocampista catalán no ha visto que mi paisano rompía a correr en la otra dirección. Pues bien, al comentarista de turno le faltará tiempo para alabar “la intención” con la que Xavi Hernández ha dado el pase. Ni se le ocurrirá plantearse que Xavi se haya podido equivocar, que haya golpeado la pelota con la uña o que al tipo se le haya cruzado el cable y pegase un balonazo contra el público. Da lo mismo. Ha tenido intención y "la intención" en este mundillo es algo sumamente positivo. De hecho es lo único que siempre es positivo (nuuunca negatiffo!!!). Lo que me inquieta es que al Manolo Lama o al Kiko Narvaez de turno no se le haya pasado por la cabeza que eso de la intención es una milonga. Vamos, que "la intención", como el valor en la antigua mili, se presupone. El tipo hace el pase con la intención de que llegue a buen puerto, lógico, como el delantero chuta con la intención de marcar o el defensa se lanza al corte con la intención de deshacer la jugada de ataque del oponente o el portero se lanza al suelo con la intención de atajar la pelota. La intención del futbolista es algo que va en el sueldo, como la intención del panadero en hacer un pan o la del fontanero en arreglar las cañerías. Pero si lo hacen mal pues no hay intención que valga. Joder, no me veo yo con el piso inundado y exculpando al jodido fontanero que vino a revisar las bajantes por su "intención" reparatoria, ¿capish?

Reflexión 2. A ver xicons, como ya os he dicho antes, sé que sois de los que disfrutáis con questa merda futbolera a pesar de que, en público, os las dais de otra cosa. Que pasáis del fútbol y preferís ocupar vuestro tiempo leyendo poemas de PeCasCor o estudiando danza contemporánea con alguien que alguna vez trabajó para Pina Bausch... ya ya... tururú... Estáis más que calados. ¡Leéis el Marca tíos! Aunque sea ignominioso, no passa res, reconocedlo, ¡¡¡que os he visto!!! Así que, como una cosa lleva a la otra, seguro que también os habéis metido en la web del As o en la del Sport o en la del Súper,... vamos, si hace falta hasta en la de L'Equipe!!! Y aunque nunca hayáis puesto ningún comentario en los hilos, sí que los habéis leído y a veces hasta os habéis reído con ellos. Pues bien, tanto los vuestros como los de la pléyade de mónguers que pululan por esos espacios etéreos, son una auténtica basura. Y lo son porque, como afirmaba Enric González en una entrevista, lo peor del periodismo no son los periodistas, ¡sino los lectores! Sectarios, ignorantes, sensacionalistas, desmadrados... Si cuento todo esto es porque tras el España - Chile de anoche me pase por una de esas webs y lo que allí encontré fue absolutamente desolador. Mongolos que presos de sus elevadas causas abrazan su religión y se cagan en la del contrario. Guerracivilistas incapaces de salir de su trinchera pero habilidosos en el innoble arte de mezclar churras con merinas y en el de ver la viga en el ojo ajeno. Chusma internetil de allende y aquende los mares incapaces de conectar dos neuronas a la hora de ponerse al teclado. Gente que ha encontrado en Internet un nueva Arcadia en la que vomitar sus miserias, ampliando así su hábitat natural, que hasta entonces se reducía al pupitre de la escuela o a la puerta del váter público...

En fin coleguis, que la cosa está bien malita. 
Eso y que disfruten mucho del 11-S los amigos catalanes...  y por supuesto también los amigos chilenos...

viernes, 6 de septiembre de 2013

Un regreso a los 90's de la mano de Built to Spill

Venidos desde algún recóndito lugar de la América más profunda y en plenos años noventa, se colaron en el dial unos chicos que respondían al nombre de Built to Spill. Unos tipos cuya música se caracterizaba por el uso de melodías construidas a base de guitarrazos, bases y ramalazos post, pero sobretodo por la peculiarísima voz de su front-man, Mr. Doug Martsch. Ofrecían un producto con poco de novedoso y mucho de ecléctico, bien es cierto, aunque lo mismo podría decirse de Pavement, Sebadoh, Dinosaur Jr o Superchunk, bandas con las que, de alguna manera, se podría entroncar el sonido de este cuarteto de Idaho. Sobra decir que todas ellas están incluidas dentro de ese pelotón indie norteamericano que tanto nos impactó a los desgreñados y losers de instituto público de principios de los noventa.

Reconozco que mi relación actual con Built to Spill es casi de reverencia icónica. O sea, que antaño rallé sus discos de tanto escucharlos y hoy día como que no, pero aún así les profeso un respeto ilimitado. Tampoco quiero decir con ello que ya no me gusten, más bien al contrario, pero es que apenas les escucho. Es más, ¡no soy capaz de recordar la última vez que puse a rodar el “Keep it like a secret”! Y tiene delito porque hablamos de un auténtico discazo en el que se incluyen joyitas como “Carry the zero”, “Else” o la maravillosa “Center of the Universe” (lo más parecido a un hit single que nunca vayan a tener estos tíos). Mi distanciamiento queda patente cuando me entero en pleno concierto de que están a punto de sacar nuevo disco. ¡No tenía ni puta idea! El octavo ya y quieren que salga antes de que finalice el año. Lo escucharemos. 

El caso es que por todo lo que os he explicado y también por el miedo a perderme una actuación que podría constituir la última oportunidad de un servidor para disfrutar de uno de sus referentes musicales, pagué la mordida de rigor y me acerqué hasta la sala Wah Wah. Y eso es exactamente lo que hice, disfrutar como un enano. Pasarlo bien. Tararear, canturrear y hasta hacer wachi wachi cual fan quinceañero del enésimo producto surgido de la factoría OT. Incluso logré sobreponerme a las hordas venidas desde Mónguerland que, apostadas en las primeras filas como hacen siempre, se pasaron todo el puto show hablando, fotografiándose en posiciones absurdas y haciendo todo tipo de monadas irrespetuosas para con los allí presentes (incluidos los músicos, obviamente). Dio lo mismo. El largo y guitarrero concierto me satisfizo como hacía tiempo no me pasaba. Que bueno que vinieron y que bueno que yo fuera a verles.

En fin, que aquí lo dejo. Queda ya todo dicho. Bueno eso y que antes que los de Idaho sonaron Disco Doom, ruidoso cuarteto suizo que, en sus mejores momentos, me recordaron a los Cobolt del “Spirit on Parole” (¡¡¡más noventas que es la guerra!!!). Con todo y con eso he de deciros que su actuación no le hace justicia a la impresión que de ellos me había labrado gracias a su bandcamp, en donde su propuesta suena infinitamente más interesante. Que se le va a hacer. 

jueves, 5 de septiembre de 2013

martes, 3 de septiembre de 2013

Ya es otoño en H&M


Y cuando parecía que ya habíamos tocado fondo, aparace questa cosa. Y es que la cadena sueca de tiendas de ropa ha decidido jugárselo todo a una carta: ¡Que los hipsters de este país decidan procrear! ¡¡¡Lo que nos faltaba!!! ¿Para cuando un H&M Kids en Ruzafa? Pos eso.

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Visto a través de El hematocrítico.  

lunes, 2 de septiembre de 2013

Siempre quise ir a Ele A...

Sobre estas líneas el cartel de la decimonovena edición del Festival Rock Alaquàs -el Fra para los amigos- que se celebró el pasado sábado noche en el Parc de la Sequieta de esta población de l'Horta Oest. Un evento gratuito que llegaría a ser glorioso cuando, no hace tanto tiempo, contaba con un cartel integrado por ilustres nombres del panorama musical nacional e internacional como Mogwai, Black Rebel Motorcycle Club, John Spencer Blues Explosion, Nada Surf, Teenage FanClub, The Charlatans, The Sounds, Yo la Tengo, Los Planetas, the (International) Noise Conspirancy, Ash, Super Furry Animals, Chucho, Mercury Rev, Heavy Trash, Gigolo Aunts, the Muffs, Hefner, Mäximo Park, Asian Dub Fundation, la Buena Vida, the Posies, Raveonettes, Black Lips... Pero eso fue antes de la crisis económica, la subida del IVA “cultural”, los recortes en las administraciones públicas... en fin, ya sabéis, cuando en este país se ataban los perros con longanizas. En este sentido no hay nada que oponer al comportamiento de un Ayuntamiento de Alacuás que, no estando dispuesto a dejar morir uno de los festivales más longevos del panorama patrio, ni queriendo renunciar a la gratuidad del mismo como su signo distintivo, se ha partido los cuernos en montar un cartel decente que no hipotecara los maltrechos presupuestos públicos. El resultado es este cartel, bastante discreto según yo lo veo, pero más que decente dados los condicionantes expuestos.

Por apoyar todo ese esfuerzo y valorizar un gesto que no debería caer en saco roto, seguimos la vieja aspiración de un joven Loquillo -el del“Cadillac Solitario”- y nos fuimos a ver L.A. y dejamos por un día -o más bien por una noche- esta ciudad. Vale que Alacuás está en el área metropolitana de Valencia, açí al costaet... Porque los cabezas de cartel eran los mallorquines L.A., que arribaban hasta esta tierra de luz, flores, amor y corrupción tras triunfar en el pasado S.O.S. 4,8. Venían presentando las canciones de “Dualize”, su último y mejor álbum según cuentan las crónicas. Pero es que ni con eso les da. O sea, que son unos tipos cancheros que no suenan mal del todo. Y la voz del cantante es chula y su inglés, a diferencia del de la mayoría de bandas patrias que utilizan la lengua de Shakespeare, no da vergüenza ajena... pero paremos de contar. Y es que practican una suerte de folk americano -a la balear- que suena a cosas mil veces oídas y que encima aderezan en su directo con unos ecos noventeros que afean el conjunto. Una retahíla de canciones que parecen todas una sola y muy larga, que tan solo los muy fans fueron capaces de desenmadejar. Bueno los fanáticos y aquellos que nos fijamos en las posturitas del guitarrista de la izquierda, ya que, cada cambio de pose del menda equivalía a un nuevo tema.

Pese a todo lo dicho, el año que viene y si aún andamos por aquí, volveremos hasta Alacuás para apoyar este festival. Y lo haremos a diferencia de otros que supuestamente forman parte de este negocio -y bien que se jactan (cuando no se aprovechan) de ello- que esta vez ni siquiera asomaron el hocico. Después serán los primeros que con toda suerte de lamentos y críticas hacia los demás utilizarán sus remunerados espacios para decir que la escena valenciana se va a la mierda... pero nunca es por culpa de ellos. Vosotros sabéis a lo que -y a quienes- me refiero.

Agur... 

...i força al canut.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Septiembre 2013. YA ES PRIMODERIVERA EN EL CORTE INGLÉS

Ya estamos en el fantabuloso mes de septiembre. Aquel en el que llega la temida gota fría y en el cual, supuestamente, los calores se esfuman de un plumazo... Ese mes en el que muchos vuelven al tajo después de unas merecidas vacaciones, aunque hay quienes ni nos hemos ido ni sabemos cuando coño podremos hacerlo... Septiembre, cuando normalmente comienza el campeonato nacional de Liga, si bien este año, incomprensiblemente  ya ha comenzado con unas semanitas de adelanto... El mes en el que un servidor pone una velita más en el pastel de cumpleaños, y van... 

Y para hacerle honor he creado esta nueva SuloTK que nos habrá de acompañar hasta la entrada del ansiado otoño. Una lista que incluye cosas como el regreso de Tindersticks con un corte nocturno, embriagador y sensual titulado “Put Your Love in Me” que no es otra cosa que la versión del clásico de Hot Chocolate, deconstruido, con base electrónica y como no sumándole la voz de Stuart Staples. También el interesante debut de los suecos Yast, uno de los más emocionantes en lo que va de 2013. O el extemporáneo ambiente playero de la música de Washed Out, que continúa presente en su nuevo álbum "Paracosm". También recupero el glorioso "Teargas" de Katatonia, si bien han sido ellos mismos quienes han decidido relanzar la edición remasterizada del que fue y es su mejor álbum hasta el momento. Y que decir del regreso de esa musa del rock llamada Anna Calvi, anticipando su nuevo elepé. O la aparición de Vidunder, maravilloso trío sueco de sonidos setenteros que surge de entre las cenizas de los míticos Abrakadabra. Y Mosieur Periné y esa propuesta de swing latino liderada por una bella vocalista colombiana que se defiende igual de bien usando la lengua de Cervantes y la de Baudelaire.

Por otro lado tenemos a Polvo, uno de los más grandes referentes de aquella cosa que se etiquetó como math-rock, que regresan inesperadamente. ...o el de los enormes Superchunk!!! ¡Ouyeah! Y los japoneses Lite y su extraño post-rock en el que se atreven incluso con los ritmos tropicales. Para continuar con otro adelanto de lo nuevo de Arctic Monkeys. Y es que el nuevo disco de la banda de Alex Turner promete y mucho. También está esa marcianada de treinta minutos de unos Retribution Gospel Choir a los que, si Dios quiere (vamos si existe y demás...) veré en directo a finales del mes que viene. Y seguimos desgranando ese pedazo de disco que se ha marcado (again) Mr. Kanye West, ahora con “New Slaves”...   

En fin, todo eso y mucho más aquí:
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